El gobierno de Estados Unidos confirmó el jueves lo que la oposición venezolana denunciaba desde 2004. Publicó un resumen de informes selectos de la CIA sobre las capacidades de alteración del voto digital en Venezuela. El sistema en cuestión: Smartmatic.
Venezuela contrató a Smartmatic ese mismo año, 2004. El objetivo era automatizar el referendo revocatorio que definiría la permanencia de Hugo Chávez en el poder. Jorge Rodríguez presidía entonces la Junta Nacional Electoral. Él reportó «error cero» en las auditorías. Sin discrepancias, dijo. Los resultados oficiales dieron la victoria al «No» con 5.800.629 votos frente a 3.989.008 del «Sí». Chávez siguió gobernando.
Desde entonces, el chavismo vendió el sistema como uno de los mecanismos más «auditables» y «seguros» del mundo. La oposición y organizaciones como Súmate, fundada por María Corina Machado, denunciaban irregularidades. Nadie en el exterior les prestó demasiada atención.
Los cuestionamientos crecieron en 2012 y 2013. En octubre de 2012, el CNE proclamó la victoria de Chávez sobre Henrique Capriles con 55,07% frente a 44,31%. En abril de 2013, Nicolás Maduro «ganó» la presidencia por apenas 1,49 puntos porcentuales. La sospecha no desapareció. Se acumuló.
El quiebre llegó en 2017. El 30 de julio, el CNE anunció que supuestamente 8 millones de venezolanos participaron en la elección de la asamblea nacional constituyente. Dos días después, desde Londres, el presidente ejecutivo de Smartmatic, Antonio Mugica, desmintió la cifra. Afirmó que los datos del sistema no coincidían con los resultados oficiales. Señaló que la diferencia entre la participación real y la reportada era de al menos 1 millón de votos. Precisó que la manipulación no ocurrió en las máquinas, sino durante la totalización en el CNE. Los directivos de la empresa abandonaron Venezuela antes de hablar. Temían represalias.
La respuesta del régimen fue predecible. Tibisay Lucena acusó a Mugica de emitir una «opinión sin precedente». Jorge Rodríguez calificó las declaraciones de «patrañas y mentiras» y dijo que las elecciones fueron «limpísimas».
Donald Trump anunció la publicación de estos archivos en un mensaje a la nación. Aprovechó el momento para reiterar sus acusaciones de fraude en las presidenciales estadounidenses de 2020. Eso es política interna americana. Pero el núcleo del asunto venezolano es otro.
Aquí el dato importa por sí solo. Durante dos décadas, el aparato estatal chavista utilizó la burocracia electoral para consolidar su poder. Smartmatic fue el escudo técnico de ese relato. Cuando la propia empresa lo desmontó, el régimen la atacó. Ahora la CIA lo documenta. El principio en juego no es solo venezolano: cuando el Estado controla el conteo, no hay libre empresa, no hay propiedad privada, no hay nada. Solo hay resultado oficial. Que no te lo cuenten.



