La Corte Suprema rechazó la cautelar de la Cámara Federal de La Plata en el conflicto por la tenencia de tierras por extranjeros. Sostuvo que los excombatientes que impulsaron el planteo no tienen personería para representar a todos los que podrían verse afectados en términos de soberanía.
Pero el problema político no terminó ahí. El propio texto de la disputa muestra que el decreto 70/2023, firmado por Milei y motorizado por Federico Sturzenegger, quedó en el centro de una ofensiva opositora que ya avanzó en el Senado y ahora amenaza con hacer caer la norma en Diputados. Si eso ocurre, el decreto desaparece.
Ahí está el punto de fondo. La discusión sobre tierras es presentada como técnica, pero en realidad sirve de síntoma para medir la fortaleza del Gobierno. El artículo 154 de ese decreto derogó la ley 26.377, de la época de Cristina Kirchner, y eliminó las restricciones para que extranjeros puedan adquirir tierras. Luego, la Cámara de La Plata dio la razón a un grupo de excombatientes y dijo que el decreto era inconstitucional porque amenaza la soberanía.
La Corte no avaló esa cautelar, pero tampoco le devolvió al oficialismo tranquilidad política. La tensión creció más todavía cuando se supo que dos jueces, Ricardo Lorenzetti y Horacio Rosatti, impulsaron una aclaración para bajar el malestar. Carlos Rosenkrantz no acompañó esa salida y, por esa disidencia, hubo que convocar a dos conjueces.
Ese cuadro deja una lección incómoda para Milei. El Gobierno vende liberalización y quita de trabas, pero su columna vertebral depende de una arquitectura institucional frágil y de una pelea que ya no se resuelve solo en tribunales. Si la oposición logra voltear el decreto, no habrá épica desreguladora que tape el costo político.
El relato se cayó solo. La discusión por las tierras terminó mostrando que una parte central del programa oficial puede quedar rehén de la burocracia judicial y del Congreso. Y cuando eso pasa, el que pierde no es solo el Gobierno: pierde la libertad económica que dice defender y gana el aparato estatal que siempre vuelve a crecer. Que no te lo cuenten.


