El grupo Patriots for Europe, una de las principales fuerzas del Parlamento Europeo, oficializó en Estrasburgo su respaldo a Israel y reconoció los derechos de Jerusalén en Judea y Samaria. Al mismo tiempo, adoptó la carta de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto contra el antisemitismo.
La bancada denunció las crecientes campañas de boicot en Europa y calificó las sanciones contra los asentamientos como antisemitismo impulsado por dobles estándares. La movida llegó en medio de una nueva presión contra Israel encabezada por Gran Bretaña.
Doce naciones, entre ellas Francia, Canadá y el Reino Unido, pidieron recientemente que Israel detenga la construcción en Judea y Samaria. El ministro de Exteriores británico, Ed Miliband, anunció además un plan de embargo a las importaciones desde asentamientos israelíes en Cisjordania.
La respuesta en Jerusalén fue inmediata. El ministro de Exteriores israelí, Gideon Saar, advirtió: «Si Gran Bretaña actúa contra Israel, Israel actuará contra Gran Bretaña». Por su parte, el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, exigió en X: «¡Expulsen al embajador británico esta noche! No seremos un felpudo pisoteado por un gobierno antisemita ... que intenta salvarse de su declive económico y social».
En Estados Unidos, el representante Randy Fine, republicano por Florida, sostuvo que la ley §287.135 castiga a las entidades que participen en boicots contra Israel y recordó que esa misma norma llevó a Airbnb a retroceder. Fine añadió que «su proyecto de vanidad en apoyo del terror musulmán podría costarles miles de millones de dólares».
Patriots for Europe fue formado en junio de 2024 por Orbán, Babiš y Kickl, y hoy figura como el tercer grupo más grande del Parlamento Europeo, con 86 escaños y 14 delegaciones nacionales. Está liderado por Bardella, del Reagrupamiento Nacional de Francia, y se presenta como una fuerza de soberanía nacional, control fronterizo estricto y valores tradicionales frente al exceso de Bruselas.
Que no te lo cuenten. La jugada expone algo más profundo que una disputa diplomática: muestra hasta qué punto parte de la derecha europea está dispuesta a plantarse frente al aparato político que normaliza el boicot como herramienta de presión. Cuando gobiernos y burócratas convierten el aislamiento económico en doctrina, el costo lo pagan la libre empresa, la estabilidad jurídica y la propia credibilidad de Occidente.
Otra vez la doble vara. Si el bloque europeo quiere hablar de principios, no puede hacerlo mientras castiga a Israel con una vara y tolera presiones políticas selectivas con otra. El mensaje de fondo es claro: o se respeta la soberanía de los Estados y el derecho a comerciar sin chantaje ideológico, o Bruselas seguirá acumulando conflicto, desgaste y más desconfianza.



