La soledad dejó de ser una impresión cultural para convertirse en un dato duro. La pieza citada por Daily Wire sostiene que, entre 1975 y 2026, el porcentaje de estadounidenses que reciben gente en casa al menos una vez al mes cayó de 42% a 12%, una baja de más de 70%.
Ese derrumbe no viene solo. Las cenas mensuales entre amigos o familia bajaron 62%, hasta 6% en total. Jugar cartas una vez al mes cayó 67%, a 13% en total. Terminar un libro cada mes retrocedió 60%, a 15% en total. Y asistir a la iglesia al menos una vez al mes bajó 58%, a 24% en total.
El deterioro, además, no empezó con el teléfono inteligente. La pieza dice que ya en los datos de 1975 a fines de los 90, compilados por las encuestas DDB Needham y citadas por Robert Putnam en «Bowling Alone», los estadounidenses se volvían menos propensos a recibir visitas, ir de picnic o asistir a la iglesia. Ahora, con datos hasta 2026 replicados por Data For Progress, el cuadro es mucho peor.
El aislamiento también se ve en la vida diaria. Según la fuente, 49% de las personas fue a un bar o taberna al menos una vez en los últimos 12 meses. Solo 46% asistió a un evento deportivo. Y apenas 32% acudió a una clase o seminario, frente a 54% en 1995.
La comida tampoco escapa. Según la Oficina de Estadísticas Laborales, en 2023 aproximadamente 25% de los estadounidenses dijo haber comido todas sus comidas solo el día anterior, un aumento de 53% respecto de 2003. Entre los menores de 25 años, otro análisis citado por The New York Times encontró un aumento de 80% en comer a solas.
La pieza también recuerda el caso japonés de las «muertes solitarias», ya registradas por el gobierno. Menciona el hallazgo, en 2000, de un hombre de 69 años en un complejo de apartamentos del gobierno que había estado muerto durante tres años sin que nadie lo notara.
La advertencia final es la que importa: una sociedad con tasas de natalidad por debajo del reemplazo y vínculos cada vez más débiles termina dejando a más personas completamente solas. La IA, lejos de resolver esa herida, puede agravarlo todo si sustituye relación humana por simulación barata.
Que no te lo cuenten. El problema no es solo tecnológico; es civilizatorio. Cuando el aparato estatal y la burocracia hablan de progreso, pero la gente cena sola, reza menos y ve menos a los suyos, algo en la base de la vida común se está rompiendo.
Y ahí está la doble vara: se prometen herramientas para conectar, pero se normaliza una cultura que separa. Si la inteligencia artificial se convierte en refugio emocional, el costo no lo paga Silicon Valley. Lo pagan las familias, la comunidad y, al final, la libertad misma de vivir acompañados.


