Gavin Newsom lleva años vendiéndose como el demócrata presidenciable, el hombre progresista de familia y valores. Esta semana, ese relato recibió un golpe en Vanity Fair.
Ruby Rippey-Gibney, exasistente del Ayuntamiento de San Francisco, publicó un ensayo detallado sobre su affaire con Newsom. En ese momento, ella estaba casada con Alex Tourk, descrito como amigo cercano y principal asesor del entonces alcalde. Newsom, por su parte, aún no había finalizado su divorcio de Kimberly Guilfoyle, hoy embajadora de Estados Unidos en Grecia.
Rippey relata que se incorporó a la campaña municipal ganadora de Newsom en 2003 junto a su marido. Al año siguiente, según escribe, Newsom trasladó su oficina más cerca de la suya. El affaire, según su propio relato, se prolongó meses, entre hoteles, mensajes de texto y encuentros en los pasillos de City Hall.
«No es amor. No es romance. Es intoxicación. El mensaje de texto es un golpe. La mirada cruzada en el pasillo, un golpe», escribió Rippey en el texto publicado por Vanity Fair.
La mujer, que se describe como alcohólica en recuperación, narra cómo el affaire coincidió con una recaída severa en el alcohol y, posteriormente, en la cocaína. Una visita a urgencias por hemorragia nasal continua llevó a su familia a costearle la rehabilitación. Según Rippey, su hermana le comunicó la situación a Newsom, quien respondió: «Dios los bendiga, Dios los bendiga».
El marido, Tourk, se incorporó a la campaña de reelección de Newsom en 2006 sin saber nada. En 2007, Rippey confesó el affaire por escrito: «Solo sexo, de forma intermitente durante meses, con el alcalde». La historia llegó a todas las portadas de San Francisco.
Newsom reconoció públicamente el affaire en febrero de 2007, cuando ya salía con Jennifer Siebel, hoy su esposa y «primera pareja» de California.
El ensayo incluye otro nombre conocido: según Rippey, la entonces fiscal de distrito de San Francisco, Kamala Harris, la llamó para hablar sobre la posibilidad de que hablara públicamente contra Newsom. «No diría nada ahora mismo, Ruby. Solo espera. Más tiempo te dará mejor perspectiva», le dijo Harris, según el relato de Rippey.
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Que no te lo cuenten. El mismo Newsom que lleva años construyendo su imagen de demócrata progresista y candidato presidenciable es el que, según el relato documentado de una testigo directa, mantuvo meses de encuentros con la mujer de su amigo y asesor más cercano, dentro del aparato municipal que él mismo dirigía.
La doble vara es perfecta: cuando el escándalo involucra a un republicano, el progresismo institucional exige consecuencias inmediatas. Cuando el protagonista es el gobernador de California con ambiciones nacionales, Vanity Fair publica el ensayo dieciocho años después y la conversación se centra en el «viaje personal» de la protagonista. El relato se cayó solo, pero hay que contarlo igual.



