El Centro Democrático ganó la presidencia del Senado con Honorio Henríquez. Abelardo de la Espriella lo llamó «monstruo, lo lograste en la democracia». Hasta ahí, cordialidad. El problema está en otro lado.
Activistas cercanos al presidente De la Espriella llevan semanas atacando al uribismo en redes sociales, invitando a militantes del Centro Democrático a renunciar y promoviendo la narrativa del «petrouribismo». El argumento: que los 26 votos del Pacto Histórico fueron clave para elegir a Henríquez, lo que —según estos activistas— prueba una alianza entre Uribe y Petro.
La fuente del ataque tiene nombre. Perfiles como Vincent Ramos, Oswaldo Ortiz, Santiago Giraldo, Miguel Zárate y el senador Alejandro Bermeo tienen alcance significativo en redes. El propio Centro Democrático los mencionó en un trino cuestionando por qué cuatro de ellos —que no son congresistas— estaban en el Congreso el día de la posesión.
Ramos escribió que «las abejas picaron e inyectaron el veneno del Pacto Histórico». Zárate respondió que «el veneno que inyectaron es el de la Casa de Nariño, el del socialismo». Tomás Uribe, hijo del expresidente, les respondió sin rodeos: «estos son los matones que quieren acabar al Centro Democrático».
Otro episodio que los activistas aprovecharon fue que Uribe agradeció públicamente al gobierno de Petro por autorizar el traslado de su hermano Santiago Uribe para cumplir su condena en una guarnición militar. Suficiente para alimentar el relato.
José Obdulio Gaviria, uno de los asesores históricos de Uribe, salió al paso. Recordó que en los ocho años que estuvo en el Senado «solo voté una vez por un presidente uribista. En las otras siete lo hice por santistas e izquierdistas que garantizaban el debate democrático. En general, cumplieron». Y le pidió a los seguidores de De la Espriella que volvieran a tratar al expresidente «con el respeto que se merece».
La lógica política de fondo es clara: De la Espriella quiere consolidar su propio partido, el Movimiento Defensores de la Patria, de reciente creación y sin curules en el Congreso. El electorado de derecha es el botín. El Centro Democrático, con partido formalmente constituido desde 2013, es el competidor natural.
Desde el Pacto Histórico, el senador Gabriel Becerra ya avisó que lo ocurrido con Henríquez «va a tener efectos, no solo en lo del contralor, sino en muchas otras decisiones». La izquierda, atenta, empuja la cuña.
Aquí está el juego real: la derecha colombiana enfrenta su primera gran prueba de cohesión antes de que De la Espriella siquiera arrange su gobierno. Quienes más gritan «petrouribismo» no son adversarios de Petro; son operadores que necesitan destruir al uribismo para ocupar su lugar. La doble vara es evidente: atacar a Uribe con la misma narrativa que el petrismo lleva años usando no es ideología, es oportunismo. Y el que pierde, si la fragmentación prospera, es el proyecto de orden e institucionalidad que la derecha prometió construir.



