Lindsey Graham no llamó al 911. Llamó a su secretaria.
Eso reveló el senador Tommy Tuberville (R-AL), quien explicó que su propia exsecretaria —ahora al servicio de Graham— fue quien recibió la llamada aquella noche del sábado. Graham le dijo que tenía dolores en el pecho. Cuando ella le preguntó si ya había llamado a emergencias, él respondió: «No, por eso te llamé a ti».
La secretaria marcó el 911 y se dirigió a la vivienda de Graham en Washington, D.C. Cuando llegó, los primeros respondedores ya habían derribado la puerta y trabajaban sobre el senador. No pudieron salvarlo.
Según los hallazgos preliminares de la Oficina del Médico Examinador Jefe del Distrito de Columbia, Graham murió por una disección aórtica causada por enfermedad cardiovascular arteriosclerótica. Esa misma noche había hablado por teléfono con el presidente Donald Trump.
«Lindsey básicamente se trabajó hasta morir», dijo Tuberville. «La mayoría de nosotros tenemos familias; él no tenía ninguna. Y si teníamos un par de días libres, él iba al aeropuerto y viajaba a algún lugar para tratar de resolver algo por nuestro país».
El retrato que emerge es el de un hombre sin pausa ni red personal. Sin hijos, sin cónyuge, con una agenda que no distinguía fines de semana ni recesos legislativos.
Lo que sí tenía era una hermana. Darline Graham Nordone, a quien él crió después de que ambos perdieran a sus padres cuando ella tenía apenas 13 años. Graham solía decir que su mayor logro en la vida era el tipo de persona en que se había convertido su hermana.
El gobernador republicano de Carolina del Sur, Henry McMaster, la designó para ocupar temporalmente el escaño —movimiento que el propio presidente Trump había sugerido públicamente—. Nordone aceptó el nombramiento entre lágrimas.
«Sé que Lindsey fue amado y respetado por muchos, y agradezco enormemente los recuerdos e incluso las historias graciosas que se han compartido», dijo. «Lindsey siempre estuvo ahí para mí. Ahora yo estaré ahí para él».
Que no te lo cuenten: un hombre que dedicó su vida entera al servicio público —sin familia propia, sin descanso, con el teléfono siempre encendido— murió solo en su casa llamando a su secretaria en lugar de al 911. No es una crítica; es el resumen exacto de lo que fue su existencia. La política puede ser vocación genuina. También puede devorar todo lo demás. El Senado pierde a uno de sus operadores más activos en política exterior; Carolina del Sur recibe, en cambio, a la persona que él más quiso en el mundo.



