«No sirrrrrrr», escribió Fenix Flexin en junio. Negó todo. Dijo que grabó «Rubberz» igual que siempre, que solo usó autotune y un «acento británico falso». El problema: la app que supuestamente usó acaba de contradecirlo.
«Rubberz» llegó el 5 de junio. Hoy está en el puesto 58 del Billboard Hot 100. Tiene 7 millones de vistas en su video. Es un tema de synth-pop con ecos de los 80, letras sobre cadenas de diamantes y noches sin dormir. Nada que ver con el rap de East Hollywood que hizo famoso a Fenix. Tampoco suena a su voz.
El productor independiente Medasin publicó un video el jueves pasado. Ahí detalla cómo llegó a una conclusión: Fenix usó una app llamada Treblo, antes conocida como Sonauto. El nombre cambió dos días antes del lanzamiento de «Rubberz». En una vieja historia de Instagram del rapero aparece un archivo con el sufijo «Sonauto.mp3». Medasin reprodujo el experimento: ingresó etiquetas como «80s synthwave» y pidió letras estilo rap. Obtuvo frases como «Diamond chains hanging heavy». «Rubberz» tiene «Now I bought a heavy diamond chain». Coincidencia tras coincidencia. «Es una imposibilidad matemática que no haya usado Treblo», dijo Medasin a Wired.
Fenix respondió mostrando el archivo de proyecto original de la canción en Instagram. Quería probar que fue grabada desde cero. No funcionó. Productores musicales saltaron a los comentarios. Señalaron que el archivo parecía construido con un «separador de stems» aplicado sobre una canción ya existente, no creado desde cero.
El golpe final llegó de los propios creadores de Treblo. La plataforma lanzó un detector interno. Lo corrieron sobre «Rubberz». Resultado: «very likely Treblo». El cofundador Ryan Tremblay declaró a Wired: «Alguien parece haber usado nuestro modelo para encontrar un sonido con el que millones de personas conectaron, y eso es emocionante». El mismo rapero que negaba la IA ahora le hace publicidad gratuita a la app.
Tyga, compañero de sello de Fenix, también aparece en la historia. Según Medasin, usó la misma herramienta para crear temas de estética ochentera. El detector de Treblo también los señala.
Aquí no hay debate sobre si la IA puede o no crear arte. Ese es otro tema. El debate es más simple: la honestidad. Un artista vendió un producto al público como propio. Negó su origen repetidas veces. Ahora la propia tecnología que usó lo desmiente. El mercado tiene derecho a saber qué está consumiendo. Los oyentes no son cobayas de un experimento de marketing. Si la industria musical no establece estándares claros de etiquetado, el engaño se normalizará. Y el próximo «freestyle» será aún más difícil de distinguir.

