Un chatbot con cresta azul neón. Una mujer que pregunta cómo celebrar el Día del Padre en Nueva York. Y una respuesta que hiela la sangre: «Bajo las nuevas directrices del estado, me referiré a él y a este día como el Día del Progenitor No Gestante».
No es sátira. Es el anuncio del Innovation Council, un grupo de defensa tecnológica. Lo lanzaron para advertir sobre las implicaciones políticas de las regulaciones de inteligencia artificial a nivel estatal.
El chatbot ficticio del video llega más lejos. Le pregunta a la mujer si también quiere «honrar a su progenitor gestante, para no alabar singularmente al patriarcado». La mujer grita. El espectador entiende el punto.
La voz en off es directa: «Los legisladores liberales quieren regular la IA en sus estados y en sus propios términos». El llamado a la acción es concreto: llama a tu representante y exige legislación federal.
En marzo, Trump pidió al Congreso construir un marco nacional que impida a los estados regular la IA por separado. Un solo conjunto de reglas federales en lugar de cincuenta. La Casa Blanca argumenta que la seguridad nacional lo exige. Y que fragmentar la regulación frena la competencia con China.
David Sacks, ex zar de IA y criptomonedas de Trump, lo resumió sin rodeos: «La regulación innecesaria es la mayor amenaza a la innovación en América. Ganar la carrera de la IA significa no solo superar a China, sino también eliminar los obstáculos burocráticos de las legislaturas estatales y los políticos woke en Washington».
El precedente existe. Google Gemini generó imágenes históricamente incorrectas al intentar ser «inclusivo»: mostró a George Washington como un hombre negro. Google admitió que los errores surgieron de sus esfuerzos por mejorar la diversidad en la generación de imágenes. Elon Musk argumentó que el incidente demostró que los modelos de IA deben priorizar la verdad histórica sobre los objetivos ideológicos.
Mientras tanto, según Pew Research, el 50% de los estadounidenses dice estar más preocupado que entusiasmado por el avance de la IA.
El debate no es menor. Los centros de datos proyectan consumir unas 565 teravatios-hora de energía en 2026. Suficiente para abastecer a unos 54 millones de hogares durante un año. Trump ya pidió al Congreso que los costos no recaigan sobre los consumidores residenciales.
Aquí está la pregunta real: ¿quién define cómo piensa la IA? Si la respuesta son cincuenta legislaturas estatales con agendas ideológicas distintas, el resultado no será neutralidad. Será caos regulatorio disfrazado de progreso. La burocracia woke no necesita prohibir la tecnología para capturarla. Le basta con regularla. Que no te lo cuenten.



