La Iglesia Presbiteriana de EE.UU. (PCUSA) votó la semana pasada en su 227.ª Asamblea General para declarar su apoyo al acceso a «toda la atención de afirmación de género médicamente necesaria y basada en evidencia» para todos los individuos.
La propuesta fue presentada por el Presbiterio Cherokee. En su versión original incluía la frase «incluyendo menores», pero el Comité de Justicia de Género y Sexualidad de la Asamblea la retiró del texto final. Su moderadora, la Rev. Olivia Lane, explicó que la eliminaron porque temían que fuera «usada como arma para causar daño a los mismos niños que nombraba». Acto seguido, Lane aclaró que «todos los individuos significa exactamente eso: todos, sin excepción, sin calificación y sin límite de edad».
La argumentación del Presbiterio Cherokee señala que existen aproximadamente 1,6 millones de individuos transgénero de 13 años o más en Estados Unidos. Según esa misma argumentación, el 38% de los jóvenes trans de entre 13 y 17 años —unas 113.900 personas— vive en los 24 estados que han aprobado restricciones a estos procedimientos. La justificación también afirma que esas cifras no incluyen a «miles de jóvenes pre-adolescentes que podrían beneficiarse de bloqueadores hormonales» para evitar atravesar una pubertad «equivocada».
La PCUSA enmarca la medida como una extensión de su política de no discriminación por identidad de género, y considera que los 27 estados que prohíben o limitan el acceso de menores a estos procedimientos están, en sus términos, «prohibiendo la atención médica para menores».
Sin embargo, al menos un estudio encontró que las personas que se sometieron a reasignación de sexo presentaron, en comparación con quienes mantuvieron su sexo biológico, tasas más altas de suicidio, más intentos de suicidio y mayor necesidad de hospitalización psiquiátrica. Ese dato no figura en la argumentación oficial del Presbiterio Cherokee.
Aquí está el principio en juego, y Contrafuego no lo va a suavizar: una institución religiosa con siglos de historia acaba de subordinar su lectura doctrinal al lenguaje de la burocracia sanitaria progresista. El giro no es menor. Cuando una iglesia adopta el marco conceptual del activismo de género —«atención médicamente necesaria», «basada en evidencia»— como sustituto del discernimiento teológico, no está siendo más compasiva: está cediendo su autoridad moral a otro magisterio.
La evidencia científica disponible, lejos de ser unánime, incluye estudios que apuntan en dirección contraria a la narrativa oficial. Que eso no aparezca en la argumentación del Presbiterio Cherokee no es un olvido: es una elección. Que no te lo cuenten.



