El gobierno chileno no contó los votos. Esa es la conclusión que se desprende del traspié sufrido el miércoles en el Senado, cuando la megarreforma de reconstrucción y reactivación económica no pudo cerrar su trámite legislativo por la ausencia de un senador de la UDI y el voto en contra de otro.
El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, había enviado previamente un audio a parlamentarios de la UDI agradeciéndoles su «lealtad y coraje» en la tramitación del megaproyecto. Ese mensaje, según legisladores de Renovación Nacional, «envejeció mal».
El nudo era técnico pero decisivo: un mecanismo de compensación del Fondo Común Municipal, producto de la menor recaudación por la rebaja de contribuciones. Sin resolver ese punto, el megaproyecto no podía cerrar su trámite regular. Quiroz evaluó con la UDI y sus asesores la posibilidad de resolverlo en tiempo récord, en un solo día. La Secretaría General de la Presidencia (Segpres), que dirige el ministro José García Ruminot, habría advertido desde un principio que la jugada tenía riesgo: el miércoles en la tarde muchos parlamentarios regresan a sus regiones, más aún en medio de una emergencia por temporales.
No obstante, el plan siguió adelante. Jorge Alessandri, quien también tenía dudas, fue convencido por la bancada UDI y los asesores de Quiroz. La Cámara, con dificultades, aprobó el artículo pendiente por 80 votos a favor, 48 en contra y 3 abstenciones, luego de que la Segpres consiguiera 16 votos de la oposición porque los libertarios votaron en bloque en contra. El golpe vino del Senado.
Las recriminaciones no tardaron. Desde la UDI apuntaron veladamente a la Segpres por no haber anticipado el escenario adverso. Desde RN respondieron sin rodeos. «La impericia fue de la UDI. No se le puede echar la culpa al Ejecutivo», dijo la vicepresidenta de la Cámara, Ximena Ossandón (RN). El diputado Andrés Celis (RN) fue más directo: «Hubo fuego amigo de la UDI, porque faltaron votos que estaban comprometidos».
El propio Quiroz, consultado sobre la responsabilidad de la Segpres, dijo «no me corresponde a mí decir quién contó, quién no contó los votos» y defendió la premura: «Nunca es un error ir a paso rápido». El senador Javier Macaya (UDI) calificó el episodio de «bochorno», aunque sostuvo que no llegó a ser «grave».
Que no te lo cuenten. Lo que quedó expuesto no es solo una descoordinación operativa: es la fragilidad de un gobierno que empujó una reforma de alto impacto fiscal sin asegurarse el quórum mínimo, y que ahora distribuye responsabilidades entre sus propios socios. El aparato estatal aceleró, los votos no estaban, y el contribuyente chileno sigue esperando saber cuándo y cómo se resolverá el nudo del Fondo Común Municipal. La burocracia improvisó; la cuenta la paga otro.



