La tramitación de la megarreforma del presidente José Antonio Kast en el Senado chileno hizo algo que ningún discurso opositor había logrado: exponer con crudeza las fracturas que dividen a una izquierda que se presenta unida ante las cámaras pero negocia a los gritos en privado.
Las dos «suprabancadas» opositoras —el Comité Unido y el Comité Socialismo Democrático— lograron esta semana ingresar un paquete común de indicaciones. Lo firmaron Yasna Provoste (DC), jefa del Comité Unido, y Juan Luis Castro (PS), jefe del Socialismo Democrático. El problema, según consigna La Tercera, es que ni siquiera ese gesto conjunto garantiza que el bloque opositor se alinee.
Grieta uno: el «Comité de los que Sobran»
Todo empezó antes de que llegara la megarreforma. La negociación para distribuir cupos en comisiones y la presidencia del Senado derivó en el llamado «Pacto de las Paulinas», sellado entre Paulina Núñez (RN) y Paulina Vodanovic (PS). El acuerdo dejó a la DC, el PC, el Frente Amplio y la Frevs con menor representación en cargos estratégicos. En respuesta, esos grupos formaron el Comité Unido —apodado por ellos mismos «el Comité de los que Sobran»— con 10 integrantes y Provoste al frente. Cohesión forzada, no ideológica.
Grieta dos: el PS contra sí mismo
Vodanovic intentó ejercer el liderazgo opositor negociando con el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, para «mitigar» los efectos del megaproyecto. La senadora Daniella Cicardini (PS) se convirtió en su principal detractora. La tensión derivó en «reuniones a gritos», un round en redes sociales y un enfrentamiento público entre ambas en la sala del Senado. Castro terminó declarando muerta la mesa política que él mismo había impulsado y anunció un requerimiento al Tribunal Constitucional —una bomba al proceso de diálogo que él y Vodanovic habían liderado.
Grieta tres: el PPD y el caos del acuerdo
Sin el PS, el gobierno puso sus fichas en el PPD. El senador Pedro Araya se abstuvo en la votación general y era la punta de lanza. Pero sus relaciones con el resto de la bancada son distantes por rivalidades que se arrastran desde un fallido intento por la presidencia del Senado en 2024. Carvajal y Celis salieron a anunciar el acuerdo con Núñez y Quiroz antes de que estuviera plenamente afinado, temiendo que Araya se les adelantara en los medios. El detalle: no le avisaron al presidente de su propio partido, el diputado Raúl Soto. Ahora el PPD tiene un conflicto interno adicional.
El ministro Quiroz lo dijo sin eufemismos: hay «varias oposiciones». El relato se cayó solo.
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Lo que revelan estas semanas en el Senado chileno no es solo una crisis táctica. Es el colapso de una coalición que gobernó durante años bajo la ilusión de que compartir el poder borraba las diferencias. Comunistas que no quieren pactar con la derecha bajo ninguna circunstancia, socialistas que negocian en secreto y se destruyen en público, y un PPD que ni siquiera coordina con su propio directivo antes de anunciar acuerdos históricos.
Mientras tanto, el gobierno Kast avanza. La burocracia opositora, fragmentada en comités con nombres irónicos y agendas personales, le está regalando el terreno. Que no te lo cuenten.



