La NCAA afirmó estar en «pleno cumplimiento» con la orden ejecutiva de Trump sobre deportes femeninos. Pero el propio texto citado muestra otra cosa: la asociación no ha adoptado la definición de «sexo» fijada por el presidente en sus reglas y estatutos.
Según la pieza, la NCAA tampoco ha modificado sus estatutos para proteger la elegibilidad de los equipos femeninos solo sobre la base del sexo. Y no ha definido qué es una mujer, pese a decir que sí cumple con la orden de la Casa Blanca.
Lo que sí hizo fue cambiar su política sobre participación de estudiantes transgénero. Esa política, según el texto, aclara cuándo y cómo un hombre que se identifica como mujer puede jugar en equipos femeninos.
La propia política de la NCAA define «sexo asignado al nacer» como «la designación masculina o femenina que los médicos asignan a los bebés al nacer, y que se marca en sus registros de nacimiento». El texto sostiene que esa formulación no refleja la definición de sexo de la orden presidencial, porque trata el sexo como algo «asignado» y no inmutable.
Además, la política permitiría a hombres que se identifican como mujeres participar en equipos femeninos para prácticas y otros beneficios, incluidos los vestuarios femeninos. Solo prohíbe la competencia.
La pieza también cita el caso del nadador Lia Thomas y afirma que la NCAA dejó a las atletas mujeres «disgustadas» al permitir que un hombre de 1,93 metros entrara desnudo al vestuario femenino y ganara un campeonato nacional de la NCAA. Esa acusación aparece en la columna como una denuncia directa de la organización.
La lectura es clara. La burocracia deportiva quiere el aplauso por una obediencia de papel, mientras evita cambiar lo que importa. Eso no protege a las mujeres; protege a una casta institucional que prefiere la hipocresía al costo político de cumplir de verdad.
Y cuando una entidad vive de las instituciones educativas financiadas con dinero federal, no puede jugar a dos puntas. O respeta la realidad biológica y los derechos de las atletas, o admite que su «cumplimiento» es puro relato. El resto es doble vara.


