Cada vez que Hollywood toca un clásico, los puristas sacan los cuchillos. Con «The Odyssey» —la adaptación televisiva de 1997 dirigida por Andrei Konchalovsky y emitida originalmente en NBC— la pregunta no era si alguien se quejaría, sino cuánto tardaría en hacerlo.
Y sin embargo, la película sobrevive.
El poema épico, en su edición en prosa, ocupa 324 páginas. Comprimir eso en menos de tres horas y media exige sacrificios. Los hay. Argos, el perro fiel de Odiseo, brilla por su ausencia —lo cual, según el crítico Rich Cromwell en Daily Wire, es «ridículo» porque ningún viaje del héroe debería terminar sin que el hombre se reencuentre con su mejor amigo antes de la masacre final—. Hermes aparece con una energía más cercana a Tinker Bell que al mensajero de los dioses. Y cerca del desenlace, el propio protagonista cambia la pronunciación de su nombre para que rime con Zeus.
Pero lo esencial está.
La tensión entre Odiseo y Penélope —veinte años de separación, ella envejeciendo, él retenido por Calypso en una isla de inmortalidad— llega al espectador con fuerza. Vanessa Williams como Calypso y Isabella Rossellini como Atenea sostienen sus escenas. Greta Scacchi hace honor a Penélope. Armand Assante como Odiseo es, en palabras del propio crítico, «un poco forzado», pero «adecuado» para retratar al hombre que lucha por volver a los suyos. Eric Roberts, con el mullet más esplendoroso del reparto, brilla como Eurímaco hasta el momento en que lo matan. Francis Ford Coppola figura como productor ejecutivo.
La película está disponible en Amazon Prime. Clocking in at just under three and a half hours, como señala la fuente, no es una inversión menor de tiempo. Pero el núcleo del relato —el amor de un hombre por su familia, la lucha contra sus propios defectos, el regreso a casa como acto de voluntad y no de azar— llega intacto.
Aquí está el punto que Contrafuego no va a dejar pasar: la cultura occidental lleva décadas siendo desmantelada pieza a pieza, y sin embargo Homero sigue en pie. No porque lo proteja ninguna burocracia cultural ni ningún programa de «diversidad narrativa», sino porque la historia es buena. El héroe que comete errores, que carga con su orgullo y su lujuria, que aun así no renuncia a volver a casa: eso no necesita actualización ni redención ideológica.
Lo que sí necesita es que alguien lo cuente. Y de vez en cuando, incluso Hollywood lo hace bien.
Que no te lo cuenten.



