El martes por la noche, Michigan habló. Y lo que dijo no fue bueno para los demócratas de centro.
El representante Shri Thanedar perdió la primaria del distrito 13 ante el socialista estatal Donavan McKinney. Dos mandatos en el Congreso no fueron suficientes. El dinero tampoco: Justice Democrats gastó cerca de un millón de dólares para sacarlo, según Politico.
McKinney no llegó solo. Lo respaldaron el senador Bernie Sanders, la representante Rashida Tlaib y Justice Democrats. Su plataforma es la de siempre en estos casos: Medicare para Todos, abolir el ICE, restringir la ayuda militar a Israel y más gasto federal en vivienda y energía. Más Estado. Más burocracia. Más impuestos implícitos en cada promesa.
Thanedar lo reconoció sin rodeos al conceder la derrota. «El movimiento socialista que ha derrotado a muchos miembros en Nueva York y en otros lugares ha llegado a Michigan», dijo a los periodistas. Él mismo lo nombró: movimiento socialista.
No fue el único golpe de la noche. En la primaria senatorial de Michigan, el favorito de la izquierda Abdul El-Sayed derrotó a la representante Haley Stevens. Stevens tenía el respaldo de la gobernadora Gretchen Whitmer y del líder de la minoría en el Senado, Chuck Schumer. No alcanzó. Además, el cofundador del Sunrise Movement, William Lawrence, ganó la nominación demócrata en el disputado distrito 7, superando a dos rivales moderados.
El patrón es claro. Los Socialistas Democráticos de América ya habían desplazado a varios demócratas titulares en Nueva York y Colorado. Las victorias municipales se acumulan desde la ciudad de Nueva York hasta Denver. Esto no es un accidente. Es una estrategia.
El líder de la minoría en la Cámara, Hakeem Jeffries, respaldó a Thanedar. No sirvió de nada. El aparato activista fue más rápido, más organizado y más implacable.
McKinney llegará al Congreso casi con certeza. El distrito 13 es territorio demócrata seguro. El problema real lo tendrán El-Sayed y Lawrence, que ahora enfrentan elecciones generales competitivas. Los republicanos ya calculan cómo convertir esas candidaturas en un referéndum sobre el rumbo del Partido Demócrata.
Que no te lo cuenten. Lo que ocurrió en Michigan no es una purga interna menor. Es la confirmación de que el ala radical ha tomado el control del proceso de selección demócrata. Cada dólar que Justice Democrats invierte en primarias es un dólar apostando a que el votante general aceptará plataformas que hace diez años eran impensables en la corriente principal. Los republicanos tienen ahora un argumento concreto, con nombres y distritos, para noviembre. La pregunta es si sabrán usarlo.



