_The Social Reckoning_, la continuación de _The Social Network_, está recibiendo críticas duras desde ambos lados del arco político y reseñas tibias de la crítica especializada. En Rotten Tomatoes, la película tenía un 61% de aprobación de la crítica hasta el jueves por la noche.
La cinta es una secuela más política que la de 2010, escrita y dirigida por Aaron Sorkin. _The Social Network_ se centró en la creación de Facebook y la disputa legal por su propiedad. Ganó tres Oscar, incluido uno para Sorkin, y obtuvo un 96% de aprobación en Rotten Tomatoes.
Este nuevo filme muestra a Mark Zuckerberg, interpretado por Jeremy Strong, enfrentado a un personaje de Bill Burr. En esa escena, Zuckerberg defiende la libertad de expresión en línea y sostiene que los usuarios son responsables de su propio comportamiento. El personaje de Burr lo cuestiona con dureza.
Sorkin publicó una carta abierta en 2019 criticando la gestión de Zuckerberg sobre la plataforma. Y desde la otra orilla, Ian Miller, de OutKick, se burló del tráiler. Dijo que era «lo más Hollywood posible: tratar desesperadamente de convencer a todos de que el tipo que está diciendo sentido común es el malo, y que el que exige una imposición ideológica autoritaria es el bueno».
También hubo críticas severas de la prensa cultural. Barry Hertz, crítico de cine de The Globe and Mail, escribió en X que la película era «una de las cintas más insípidas, feas y planas del año: una fantasía insufriblemente santurrona de boomers de estados azules». En su reseña, además, sostuvo que la película era contraproducente.
Que no te lo cuenten. Aquí el dato incómodo es simple: cuando el mensaje político pesa más que la historia, hasta el público termina pasando factura. Otra vez la doble vara. Hollywood quiere dar lecciones sobre libertad y poder, pero no tolera que la gente vea el costo real del adoctrinamiento en pantalla.
Y hay una razón por la que este choque importa. Facebook no es solo un personaje de ficción. Es parte del debate sobre libre expresión, responsabilidad individual y el poder de las plataformas. Cuando una película entra a ese terreno con sermón y poca sustancia, el mercado de las ideas responde. A veces, con un rechazo tan claro que no hace falta traducción.


