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La prensa progresista la llamó «niñera». Ella enmarcó el insulto y lo colgó en su oficina

Rachel Bovard, vicepresidenta del Conservative Partnership Institute, convirtió los ataques de The Atlantic y New York Magazine en trofeo. La anécdota resume algo más grande que el vino.
Imagen generada con IA
sábado 29 de agosto de 2026

Rachel Bovard es vicepresidenta de programas en el Conservative Partnership Institute (CPI). Ayudó a fundarlo en 2017, tras más de una década trabajando en el Capitolio. Hoy enseña procedimiento del Senado y supervisa la formación institucional de la organización.

En su oficina, detrás de ella, cuelgan dos marcos. No son diplomas. Son ataques de prensa.

Uno es un ensayo de David Brooks en The Atlantic que la critica. El propio texto menciona, de paso, que Brooks dio clases en Yale a alumnos que terminaron trabajando en McKinsey. El otro marco es un artículo de New York Magazine que la llamó «niñera».

Bovard dice que ambos textos le parecieron «absolutamente hilarantes». Su esposo se los regaló enmarcados en Navidad.

Que no te lo cuenten como anécdota simpática nada más. Dos medios que se presentan como árbitros neutrales del debate público gastaron tinta en insultar a una funcionaria conservadora por hacer su trabajo. Ese es el dato. Lo demás es relato.

Bovard llegó a Washington casi por accidente. Fue pasante en la Heritage Foundation después de la universidad, sin planes claros más allá de una eventual carrera en Derecho. Un profesor le sugirió que probara la capital. Le gustó. Se quedó.

De ahí saltó a la Cámara de Representantes, luego al Senado, y finalmente al CPI.

En paralelo, cultivó otra pasión: el vino. Su madre es siciliana. En su familia, el vino no era un lujo ni una pose. Era parte de la comida, sin más. Bovard creció en los años noventa, la que ella misma llama «la era del vino de garrafón».

El gusto refinado llegó después, sola, en bares de vino de Washington. Ahí descubrió el champán. Más tarde, un amigo bartender le sirvió una copa de Sassicaia, el célebre «Super Tuscan» toscano. «Esto es arte», pensó.

Estudió con Kathy Morgan, entonces la única Master Sommelier de Washington, y se formó en el Court of Master Sommeliers.

Ambas historias, la del vino y la de los marcos en la pared, cuentan lo mismo desde ángulos distintos. Una mujer que aprendió procedimiento parlamentario y taninos con la misma disciplina, sin pedir permiso a quienes preferían que se quedara callada.

El relato mediático quiso reducirla a una etiqueta despectiva. Ella respondió con un marco y una sonrisa. Esa es la verdadera doble vara de la prensa que se dice progresista: exige rigor a la casta política, pero se permite el insulto fácil cuando la víctima piensa distinto.

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