Los bonos del Tesoro de Estados Unidos rindieron 5,11% a 10 años, el nivel más alto desde abril de 2007, después del anuncio de triplicar las recompras de esos títulos a USD 6.000 millones por parte del secretario del Tesoro, Scott Bessent.
El mercado respondió con desconfianza. Según la nota, los inversores exigen tasas elevadas para mantener esos bonos en cartera y parte de los fondos se trasladó a obligaciones negociables de empresas de inteligencia artificial.
La presión no se limitó a Estados Unidos. También subieron los rendimientos de los bonos españoles, alemanes y franceses. En ese contexto, los argentinos llegaron a rendir hasta 12% y eso explicó la suba del riesgo país.
La Argentina sintió el golpe. Los títulos bajo ley extranjera retrocedieron hasta 1,7% y el riesgo país subió 11 unidades, o 2%, hasta los 566 puntos básicos.
Además, las reservas cayeron USD 481 millones hasta USD 48.933 millones, pese a que en lo que va del mes acumulan una suba de USD 676 millones. La baja respondió a la menor compra de dólares en el Mercado Libre de Cambios y a la caída de las cotizaciones del oro, el euro, la libra esterlina y el yuan, que también integran las reservas.
En el mercado cambiario, el dólar mayorista aumentó $2, a 1.516 pesos. En la plaza financiera, el MEP subió 0,4% a $1.542 y el contado con liquidación también avanzó 0,4% a $1.613. El blue subió $5 y cerró en 1.560 pesos.
El Merval bajó 0,9% en pesos y 1,3% en dólares. Los bancos fueron los más afectados, mientras que Cresud y YPF tuvieron el mejor desempeño entre las líderes.
En Estados Unidos, el Nasdaq perdió 1,6%, el S&P 500 cedió 0,70% y el Dow Jones 0,60 por ciento.
La historia de fondo es clara: cuando sube el costo del dinero en el mundo, la Argentina queda más expuesta. Y queda expuesta por una razón simple: depende de una plaza financiera que hoy castiga más el riesgo y premia menos la improvisación.
Otra vez la doble vara del relato oficial y financiero: mientras el Gobierno habla de estabilidad futura y convenios de inversión, el mercado sigue mirando reservas, deuda y tasa. Sin orden fiscal y sin credibilidad, la burocracia económica no compra tiempo; compra volatilidad. Que no te lo cuenten.


