La Unión Europea de Radiodifusión (UER) acaba de publicar directrices que ordenan a los camarógrafos cómo filmar a las atletas femeninas. Nada de ángulos bajos desde atrás o desde abajo. Nada de primeros planos prolongados de partes del cuerpo. Nada de repeticiones en cámara lenta que no «contribuyan a la comprensión de la acción deportiva». Todo en nombre de prevenir la «sexualización» de la mujer en pantalla.
El problema es lo que esas reglas implican: que el mismo ángulo que en un hombre es «buena televisión», en una mujer requiere escrutinio moral especial. Un ángulo bajo bajo una saltadora de altura no es automáticamente pornográfico. Es, con frecuencia, la mejor manera de mostrar la técnica y la elevación. La cámara lenta no es morbo. Es cómo el espectador aprecia la habilidad de élite.
Jennifer Sey, campeona nacional de gimnasia de Estados Unidos en 1986 y actual CEO de XX-XY Athletics, lo dice sin rodeos: «Estas nuevas directrices tratan el cuerpo de las mujeres como el problema». Sey señala que el maillot de las gimnastas existe por razones funcionales precisas: no interfiere con el movimiento en las barras, no resbala contra la fibra de vidrio y no representa peligro cuando la atleta está en el aire. Cubrirla más no la protege; la limita.
Sey también apunta a la hipocresía de fondo: los mismos organismos que ahora se rasgan las vestiduras con los ángulos de cámara son los que se niegan a tomar postura clara sobre si el deporte femenino debe ser exclusivamente para mujeres. Proteger la imagen mientras se erosiona la categoría. Otra vez la doble vara.
El argumento de que hay que cambiar los uniformes o restringir las cámaras para que «los hombres pervertidos no pervertean» es, según Sey, un callejón sin salida: «Los pervertidos van a pervertear de todas formas. Puedes vestir a cada atleta con un saco de papas y los acosadores seguirán mirando». La solución nunca fue esconder a la atleta. Fue exigir que la gente mirara el deporte.
Aquí está el principio en juego: cuando el Estado —o en este caso, un organismo supranacional de radiodifusión— decide que ciertas imágenes de mujeres necesitan un filtro moral especial, no está empoderando a nadie. Está codificando la idea de que la mujer es, por naturaleza, un objeto potencialmente peligroso para la mirada ajena. Eso no es feminismo. Es paternalismo con otro logo.
Filma al atleta. Captura el salto, el esfuerzo, la potencia, la precisión. Hazlo igual para hombres y para mujeres. Mismas cámaras, mismos ángulos, mismos estándares. La excelencia es el punto. No el cuerpo. Que no te lo cuenten.



