La Asociación de Tenis Femenino (WTA) acaba de actualizar su política de elegibilidad. Ahora exige a todas las jugadoras un análisis genético para detectar el gen SRY, presente en el cromosoma Y e implicado en el desarrollo sexual masculino. El test se realiza una sola vez. Puede hacerse con un hisopo bucal, una muestra de sangre o de saliva.
El resultado define el camino. Las jugadoras que den negativo quedan habilitadas de inmediato. Las que den positivo pasan por una evaluación médica adicional antes de recibir el visto bueno. Además, todas deben firmar un documento reconociendo que negarse al test puede derivar en medidas disciplinarias.
La política anterior, revisada en 2024, permitía competir a varones que se identificaran como mujeres si mantenían niveles de testosterona por debajo de 2,5 nmol/L durante al menos dos años. Esa puerta se cierra. La WTA señala que la decisión llegó tras consultar a sus miembros y revisar los estándares de elegibilidad en el deporte femenino internacional.
«La política de elegibilidad femenina de la WTA está diseñada para promover igualdad de oportunidades atléticas y mantener la competencia justa para todas las jugadoras», dice el texto oficial de la organización. La WTA añadió que reconoce la sensibilidad del asunto y que implementará la política «de manera respetuosa y reflexiva».
No es un movimiento aislado. World Athletics y World Boxing ya aplican pruebas obligatorias del gen SRY. El Comité Olímpico Internacional anunció planes para usar pruebas de sexo en los Juegos de Los Ángeles 2028. La tendencia es clara: el deporte de élite femenino está trazando una línea biológica, no ideológica.
Actualmente no hay ningún varón compitiendo en el circuito WTA, según la propia organización.
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Esto importa más allá del tenis. Durante años, el argumento oficial fue que los niveles de testosterona bastaban como criterio. La ciencia del rendimiento deportivo nunca lo respaldó del todo. Ahora las propias federaciones lo reconocen con sus decisiones.
El deporte femenino existe porque la biología produce diferencias reales de rendimiento. Protegerlo no es discriminación: es la condición mínima para que la competencia tenga sentido. Que no te lo cuenten de otra manera.



