A finales de septiembre, Micah Reed abrió su factura de LADWP y se encontró con un golpe seco: $3,322.01 por dos meses de agua y energía. De esa suma, más de $2,100 correspondían solo a electricidad.
Vive en el Valle de San Fernando con su esposa y sus dos hijos. Allí, explica, el calor del verano suele pasar de 100 grados y a veces llega a 105, por lo que mantuvo el termostato en 74. No era un capricho. Era, en sus palabras, supervivencia básica para la familia y las mascotas.
Reed subió un video en TikTok y X para desahogarse, pensando que apenas lo verían unos cuantos amigos. Ocurrió lo contrario: la publicación rozó el millón de vistas y miles de angelinos respondieron que estaban viendo lo mismo en sus cuentas. Sus facturas de servicios públicos ya compiten con la renta y la hipoteca.
Al revisar las seis páginas de la factura, encontró 5,358 kilovatios-hora consumidos en 60 días. La estructura de tarifas castiga más a medida que sube el uso: los primeros 1,000 kilovatios-hora costaron unos 26 centavos cada uno; los siguientes 2,000, unos 32 centavos; y después casi 41 centavos por unidad.
La propia factura dice que esos niveles existen «to provide an incentive to conserve electricity». Reed responde con una pregunta obvia: ¿qué debía conservar cuando afuera había 105 grados?
Además de esos cobros escalonados, la factura incluye recargos con nombres opacos, como Energy Cost Adjustment e Incremental Reliability Cost Adjustment. Juntos añadieron más de 12 centavos a cada kilovatio-hora este verano, según la factura descrita por Reed.
El agua, el drenaje y la basura también inflan el total: su cargo de alcantarillado fue de $337.23 y la basura, de $113.51. Como LADWP factura cada dos meses, un verano malo no llega como una molestia mensual sino como una sola cuenta enorme, pagadera en 20 días, con un recargo anual de 18% si no se paga a tiempo y con advertencia de corte del servicio.
Ahí está el punto político de fondo: LADWP es una empresa pública y pertenece a los residentes de Los Ángeles. Sin embargo, la factura aún carga un impuesto municipal de 10% —$192.08 en este caso— y la ciudad aprobó mover $225.8 millones del fondo eléctrico de LADWP a sus propias reservas.
Reed lanzó una petición en change.org y más de 10,000 vecinos la firmaron. Pide un tope a lo que llama el «Heat Tax» y reclama una auditoría independiente de LADWP.
Y tiene razón en lo esencial: cuando el aparato estatal convierte un servicio básico en una máquina de recaudar, la doble vara queda al desnudo. No se trata de pedagogía energética ni de lecciones sobre consumo. Se trata de dinero de los contribuyentes, de transparencia y de una empresa pública que no debería actuar como caja chica para tapar huecos presupuestarios.
Si la ciudad de Los Ángeles quiere que la gente pague estas tarifas, primero debe mostrar los números. Todo lo demás es burocracia cara con una factura cada vez más difícil de defender.


