La Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) tiene sobre la mesa una votación. En juego está la norma de propiedad televisiva nacional. Esa norma impide que una sola empresa dueña de canales locales alcance más de un porcentaje fijo de hogares estadounidenses. En 2004, el Congreso fijó ese techo en el 39%.
Netflix y Amazon no tienen ese límite. Pueden vender sus servicios de streaming al 100% de los hogares americanos. Sin techo. Sin restricción. Eso les da una ventaja brutal cuando pujan por retransmitir eventos deportivos nacionales. Las cadenas locales, atadas por ley, no pueden competir en igualdad de condiciones.
El debate legal llegó al Congreso. El exrepresentante Tom DeLay publicó una columna recordando su versión de la intención legislativa de 2004. Quiere que la FCC mantenga la regla como está. Del otro lado, tres exdirectores del Comité de Energía y Comercio de la Cámara respaldan modificar la norma. El actual presidente del comité y el de la subcomisión de telecomunicaciones también piden flexibilizarla.
El abogado Daniel R. Suhr, presidente del Center for American Rights, zanja el debate con un argumento textualista. Citar memorias de legisladores no es interpretar la ley. Es elegir amigos en una fiesta. La herencia jurídica de Antonin Scalia es clara: hay que leer el texto, no las anécdotas. Y el texto de 2004 dejó en manos de la FCC la regulación futura. La agencia tiene autoridad. Debe usarla.
El ex asesor general de la FCC Tom Johnson y el especialista Joel Thayer coinciden en ese punto. La ley es clara. La FCC puede actuar.
Que no te lo cuenten. Aquí hay un cartel que defiende sus privilegios con el lenguaje del interés público. Las grandes plataformas tecnológicas no necesitan que la ley las proteja de la competencia: ya ganaron en el mercado. Pero sí se benefician de que sus rivales sigan encadenados a una norma de hace veinte años. Eso no es libre mercado. Es captura regulatoria con otro nombre.
El principio en juego es simple. Las reglas deben aplicarse igual para todos. Si Netflix puede llegar a cada hogar del país, una cadena local debe poder intentarlo también. La FCC tiene la herramienta. La pregunta es si tendrá la voluntad de usarla o si preferirá seguir siendo árbitro de una cancha inclinada.



