Las refinerías estadounidenses procesaron cerca de 17 millones de barriles de crudo al día la semana pasada, el promedio semanal más alto desde septiembre de 2019, según la Administración de Información Energética (EIA). En el Medio Oeste se registró incluso la mayor cantidad de crudo procesado en una semana jamás documentada. Máquinas al límite, turnos completos, márgenes de beneficio extraordinarios. Y aun así, el precio de la gasolina no cede.
La razón es simple y brutal: el sistema está roto en varios frentes al mismo tiempo.
Primero, las reservas comerciales de crudo en Estados Unidos cayeron a su nivel más bajo desde 2018, con una reducción de más de 7 millones de barriles en una semana. Las reservas en Cushing, Oklahoma —el principal centro de almacenamiento del país— se encuentran por debajo de los 20 millones de barriles, umbral considerado el mínimo operativo. Cuando el almacén se vacía, el mercado se pone nervioso, y los precios reflejan ese nerviosismo antes que cualquier otra cosa.
Segundo, lo que se produce se exporta. Europa y Sudamérica, desesperadas por conseguir combustible, están absorbiendo las exportaciones estadounidenses a ritmo histórico. Las exportaciones de combustibles destilados como el diésel alcanzaron niveles cercanos a máximos históricos, según la EIA. Eso ralentiza la reposición de reservas internas aunque las refinerías operen casi a plena capacidad.
Tercero, la oferta global está fracturada. Rusia, golpeada por los ataques con drones ucranianos a sus refinerías, prohibió las exportaciones de gasolina hasta fin de año y evalúa extender la prohibición del diésel un mes más. En Oriente Medio, las refinerías enfrentan incertidumbre en el estrecho de Ormuz por la guerra con Irán. Según Matt Smith, director de investigación de materias primas de Kpler, «los márgenes de refinación extraordinariamente altos siguen incentivando a las refinerías a operar al máximo, lo que se traduce en una fuerte demanda de reservas de crudo».
Y como si faltara algo, la refinería de Motiva Enterprises en Port Arthur, Texas —la más grande del país— cerró el lunes una unidad clave para la producción de gasolina, según una persona familiarizada con las operaciones.
El resultado: gasolina a 4 dólares el galón y futuros de gasolina y diésel al alza. Las reservas de gasolina están en su nivel más bajo para esta época del año desde 2012; las de destilados, desde el 2000.
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Que no te lo cuenten: esto no es un fallo del mercado, es la factura de años de guerras, sanciones y dependencia energética mal gestionada. Cuando las cadenas de suministro global se rompen simultáneamente —Ucrania, Irán, Ormuz— ninguna refinería, por eficiente que sea, puede compensar sola el déficit. El conductor estadounidense está pagando en la gasolinera lo que los gobiernos decidieron en las salas de guerra y en las mesas de sanciones. El libre mercado puede producir al máximo; lo que no puede hacer es inventar barriles que no existen ni abrir estrechos que están bloqueados. Esa es la diferencia entre un problema de oferta y un problema de política.



