Le enviaron una carta. Le dijeron que ya mataron a nueve de sus familiares y que él es el próximo. El reverendo Ezekiel Dachomo, pastor cristiano nigeriano, respondió con una declaración que no deja margen a la ambigüedad: no se va a ningún lado.
«Me enviaron una carta amenazante a mí y a los miembros de mi iglesia… Su mensaje era aterrador. Juraron atacarme y matarme pronto, tal como mataron a nueve de mis parientes», declaró Dachomo la semana pasada. La milicia Fulani, grupo islamista armado activo en el norte y centro de Nigeria, es el responsable señalado de la masacre.
El pastor lleva años al frente de esa tragedia. Según sus propias palabras, presidió más de 70 entierros masivos de cristianos supuestamente asesinados por esa milicia hacia finales del año pasado. En un funeral celebrado en marzo, Dachomo lanzó un desafío directo: «Reto a Alá porque sus seguidores están matando a mi gente. Sería estúpido y cobarde matar a alguien porque insulta a Jesús; Jesús es un ser sobrenatural. Él puede defenderse». Las amenazas de muerte se intensificaron después de esas palabras.
Le han ofrecido asilo. Lo rechazó. «Ellos son los que me tienen miedo a mí, no yo a ellos», dijo.
Los números respaldan la magnitud del problema. Un informe del Observatorio para la Libertad Religiosa en África, publicado este mes, concluyó que la red de la milicia Fulani es responsable de cuatro veces más muertes civiles que otras organizaciones terroristas islámicas. El listado mundial de Open Doors para 2026 reveló que Nigeria es el país donde más cristianos fueron asesinados el año pasado: el 72% de todos los cristianos muertos en el mundo eran nigerianos. El domingo de Pascua, militantes Fulani supuestamente mataron a cinco feligreses y secuestraron a otros 31.
Judd Saul, fundador de la organización cristiana sin fines de lucro Equipping the Persecuted, advirtió a Fox News: «Solo en la última semana, más de 40 cristianos han sido asesinados, y hemos estado alertando sobre ataques mayores que podrían ocurrir en los próximos días». La Comisión de Estados Unidos para la Libertad Religiosa Internacional atribuye los ataques a «una ideología religiosa violenta» alimentada por «limitación de recursos, competencia, crecimiento poblacional y pobreza». El presidente Donald Trump destacó públicamente esta semana la figura de Dachomo presidiendo funerales de creyentes.
Que no te lo cuenten. Mientras el progresismo institucional debate pronombres y sensibilidades culturales, hay un pastor en Nigeria que entierra a sus muertos, rechaza el asilo y sigue de pie. El relato cómodo —el que iguala todas las violencias y diluye toda responsabilidad— se cae solo ante 70 entierros masivos y una carta de muerte. Lo que está en juego aquí es elemental: el derecho a profesar una fe sin que eso cueste la vida. Eso también es libertad. Y también merece defensa.



