LeBron James está empezando su 24.ª temporada en la NBA como jugador de los Philadelphia 76ers, después de pasar sus ocho campañas previas en Los Angeles con los Lakers.
Pero, al menos por ahora, no parece haber hecho de Filadelfia o incluso de Nueva Jersey su hogar. En cambio, está haciendo el trayecto hacia y desde Nueva York en helicóptero, según imágenes que lo han mostrado viajando entre ambas ciudades.
La clave está en un acuerdo comercial con Fanatics. Una fuente de la compañía dijo a Fox News que el trato de James con Fanatics incluye acceso a la aviación corporativa de la empresa. Un portavoz de James confirmó por correo electrónico que el acuerdo firmado hace casi tres años incluye ese beneficio y que forma parte de varios contratos de Fanatics con sus atletas más importantes.
El portavoz de James añadió que agradecen la asociación mientras LeBron divide su tiempo entre Nueva York y Filadelfia.
La distancia también explica por qué ese beneficio importa: un trayecto típico por carretera entre Filadelfia y Nueva York, incluso sin tráfico, puede acercarse a dos horas, mientras que el vuelo dura aproximadamente media hora.
James firmó con los Sixers un contrato de dos años por 8 millones de dólares, en una decisión que dijo sería su «última decisión». Además, Forbes estima su patrimonio neto en 1.4 mil millones de dólares, sumando ganancias de carrera y patrocinios.
Los Sixers también sumaron a Jaylen Brown mediante un intercambio, lo que los convierte en una amenaza seria para la racha dominante de la liga.
La escena resume una vieja regla del deporte y de los negocios: cuando la estrella tiene poder de mercado, las distancias se encogen y alguien más paga la logística. No es solo comodidad; es el privilegio que compra la élite cuando el dinero y la marca se mezclan.
Otra vez la doble vara. Al aficionado común le toca soportar tráfico, peajes y tiempo perdido. A LeBron, en cambio, le basta con que el acuerdo correcto cubra el helicóptero. Que no te lo cuenten.


