Lindsay Clancy habló en el tribunal el martes. Respondió «Yes, Your Honor» una y otra vez. Firmó una estipulación que cede a los fiscales todos los hechos forenses del caso.
El juez William Sullivan la interrogó antes de aceptarla. Le preguntó si entendía que el Estado ya no tendría que probar esos hechos. Clancy dijo que sí. Le preguntó si alguien la había presionado. Clancy dijo que no. Sullivan la declaró competente y la estipulación, voluntaria.
La defensa tiene su lógica. El abogado Kevin Reddington lo explicó sin rodeos: el acuerdo evita que decenas de testigos desfilen ante el jurado solo para acreditar cadenas de custodia de sangre, fluidos, bandas elásticas y ADN. «No hemos estado impugnando el caso principal del gobierno», dijo Reddington.
Poco después, un trooper de la policía estatal declaró algo relevante. Los investigadores no recuperaron huellas dactilares utilizables del cuchillo ni de las tres bandas de ejercicio. Ese vacío abre preguntas. La experta Margaret McLean, ex fiscal y profesora en el Carroll School of Management de Boston College, lo leyó con claridad: la defensa quiere alejar al jurado de la brutalidad de los hechos. Quiere llevarlo hacia el estado mental de Clancy.
«La estrategia legal detrás del movimiento de la defensa es dirigir el enfoque del jurado lejos de la naturaleza horrible de los actos y hacia ese tema central de la intención criminal, o lo que llamaríamos mens rea», dijo McLean.
La estipulación no es una declaración de culpabilidad. No es una admisión de responsabilidad penal. Eso lo subrayó la propia defensa. Lo que sí hace es cerrar el debate sobre qué ocurrió en la casa de Duxbury. Cora, de 5 años. Dawson, de 3. Callan, de 8 meses. Esos son los hechos que ya nadie discute.
El juicio se reduce ahora a una sola pregunta: ¿sabía Clancy lo que hacía?
Contrafuego no toma partido sobre el estado mental de ningún acusado. Eso es trabajo del jurado. Pero sí señalamos lo evidente: cuando la defensa renuncia a combatir los hechos, está apostando todo a la narrativa. El relato de la enfermedad mental como escudo. Funciona a veces. El sistema lo permite. Lo que no puede hacerse es borrar tres nombres de una lápida.



