LIV Golf extendió el plazo para que sus jugadores definan si se quedan en el proyecto. La nueva fecha es el 25 de octubre, después de que antes fuera el 13 de octubre.
El movimiento llegó tras la inversión inicial de BC Partners en «LIV 2.0», con un objetivo de 300 millones de dólares para sacar al circuito del Capítulo 11 de bancarrota. La aprobación de la corte aún hace falta.
La empresa había presentado la bancarrota en septiembre. Antes de eso, el Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudita era el único financiador del circuito desde su creación en 2022. Ese fondo decidió retirar todo su apoyo financiero al final de la temporada 2026.
Fox News informó que los saudíes habían gastado 5 mil millones de dólares para financiar la liga antes de cerrar la llave del dinero. Ahora, el futuro inmediato depende de que el plan con BC Partners sobreviva al proceso judicial y permita avanzar hacia una temporada 2027.
Si eso ocurre, LIV proyecta un calendario de 10 torneos, con la mitad de las pruebas fuera de Estados Unidos. También se anunció en agosto que los jugadores de la siguiente versión del circuito tendrían mayoría accionaria.
Ted Goldthorpe, socio y jefe de BC Partners Credit, dijo que quieren que «los jugadores que hacen esta liga sean parte de lo que ayudan a construir». Scott O'Neil, director ejecutivo de LIV, explicó en agosto que la liga sería «impulsada por y para los jugadores».
Aquí hay una lección que el deporte moderno insiste en maquillar: cuando el dinero se corta, se acaba la narrativa. La estructura completa de LIV quedó expuesta a la realidad más básica del mercado. Sin capital, no hay espectáculo; sin aprobación judicial, no hay rescate.
Que no te lo cuenten. Esta historia no trata solo de golf. Trata de quién paga la cuenta cuando el proyecto deja de sostenerse solo. Y también de qué pasa cuando una liga que se presentó como alternativa termina dependiendo, otra vez, del músculo financiero y de la burocracia de la bancarrota.


