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LLA y el PRO negocian en secreto el reparto del poder en Buenos Aires: quién se queda con qué

Karina Milei y Mauricio Macri abrieron una mesa de diálogo para reconstruir confianza y repartir candidaturas. El acuerdo no está cerrado y la desconfianza es el principal obstáculo.
Imagen ilustrativa
sábado 15 de agosto de 2026

La foto de Manuel Adorni en Nueva York lo sacó de la carrera. Y con él se fue la única candidatura clara que tenía La Libertad Avanza para la Ciudad de Buenos Aires de cara a 2027. Ese vacío abrió una negociación que, según fuentes de ambos espacios citadas por Infobae, ya tiene su primera reunión formal encima de la mesa.

El lunes, Karina Milei y Mauricio Macri mantuvieron su primera conversación directa para iniciar lo que ambos lados describen como un proceso de «reconstrucción de confianza». No es un detalle menor: desde el PRO advierten que «en los últimos dos años el Gobierno nunca cumplió con la palabra». Esa frase, atribuida a fuentes del entorno de Macri, resume el clima con el que arranca la negociación.

Los objetivos de cada fuerza son distintos pero complementarios. Los libertarios quieren ganar la presidencial; el PRO quiere retener la Ciudad. La lógica del acuerdo es simple: sin entendimiento, ambos pierden. El PRO puede dañar a Milei en primera vuelta con «siete a diez puntos» propios que le impidan ganar sin balotaje. LLA, a su vez, amenaza con arrebatarle la jefatura de Gobierno al PRO.

Patricia Bullrich, que obtuvo el 50% en la categoría a senadora en octubre pasado, descartó postularse como jefa de Gobierno y apoya un acuerdo con el oficialismo local. Desde el PRO, la fórmula que circula en privado es clara: «yo te doy la nacional y nosotros decidimos sobre nuestro distrito».

Jorge Macri no está en esa mesa. La negociación la conducen Fernando de Andreis y Cristian Ritondo por indicación de Mauricio Macri. Desde Uspallata, el jefe de Gobierno porteño hace sus propias cuentas: cree que el electorado porteño se compone de un 60% dispuesto a votar opciones del centro hacia la derecha y un 40% del centro hacia la izquierda, y que su gestión ha ganado terreno en ese primer bloque con una narrativa centrada en «orden» y «seguridad».

Los libertarios, en cambio, no comparten ese optimismo. Sus fuentes sostienen que «el PRO sigue tercero cómodo, compita quién les compita».

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Que no te lo cuenten. Lo que está en juego en estas negociaciones no es solo un reparto de candidaturas: es la arquitectura del poder en el distrito más rico del país. El PRO lleva dos décadas administrando la Ciudad con un modelo que, guste o no, ha mantenido cierta estabilidad institucional y fiscal. LLA llegó con el viento de la elección nacional y ahora negocia desde una posición más débil de lo que sus voceros admiten en público.

El problema de fondo es la desconfianza estructural entre dos fuerzas que comparten electorado pero no cultura política. Mientras la burocracia de ambos partidos mide puntos y proyecta escenarios, el votante de libre mercado y orden que sostiene a ese 60% porteño observa cómo sus representantes priorizan la supervivencia electoral sobre cualquier agenda de fondo. El acuerdo puede ser útil. La pregunta es si habrá algo más que un reparto de sillas.

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