Que no te lo cuenten.
En julio, Paul Pelosi compró acciones y opciones de Bloom Energy —una empresa de energía «verde» con vínculos históricos con la élite de Silicon Valley y la élite política— justo después de una caída pronunciada en el precio y justo antes de un informe de resultados positivo. Según el New York Post, las operaciones sumaron al menos $3 millones en varias transacciones realizadas en varios días.
Lo que siguió es ya conocido: el precio de la acción se disparó, impulsado además por la admisión de Bloom Energy al índice S&P 500. La compañía, que fabrica celdas de combustible de hidrógeno para generar electricidad, había cotizado por debajo de los $20 por acción hasta el verano pasado, cuando el auge de la inteligencia artificial disparó la demanda de fuentes de energía para centros de datos.
Nancy Pelosi ha negado durante años las acusaciones de uso de información privilegiada, argumentando que deja las decisiones de inversión a su marido. El mismo marido que, según la fuente, enfrenta cargos por un incidente de fuga tras un accidente de tráfico.
No es la primera vez que el nombre Pelosi aparece en este tipo de señalamientos. En 2011, periodistas cuestionaron cómo Paul Pelosi había logrado comprar 5,000 acciones de Visa al precio de su oferta pública inicial. En 2024, según la misma fuente, grupos de ética cuestionaron la venta de $500,000 en acciones de Visa realizada justo antes de que el Departamento de Justicia demandara a la compañía.
Mientras tanto, Nancy Pelosi ha resistido sistemáticamente los intentos legislativos de prohibir o restringir las operaciones bursátiles de los miembros del Congreso y sus cónyuges. En 2006 ganó el control de la Cámara prometiendo «drenar el pantano». Veinte años después, según el New York Post, «está dejando Washington de una manera bastante pantanosa».
---
Aquí está el principio en juego: un ciudadano común que compra acciones con información que no es pública va a la cárcel. Un congresista que hace lo mismo —o cuyo cónyuge lo hace— lleva décadas bloqueando la ley que lo prohibiría. Eso no es un accidente; es el sistema funcionando exactamente como la casta quiere que funcione.
Bloom Energy puede ser o no una buena empresa. El mercado lo dirá. Pero el patrón de los Pelosi —compra en el momento exacto, ganancia garantizada, resistencia a toda regulación— no es el perfil de un inversor con suerte. Es el perfil de alguien que juega con información que el resto de los americanos no tiene. La doble vara no podría ser más clara.



