El relato se cayó solo. Faltan menos de 100 días para las elecciones de medio término y el panorama para los republicanos es malo. Así de directo lo dice Byron York en el Washington Examiner: las perspectivas del GOP para retener el control de la Cámara de Representantes «siguen siendo pobres».
La aprobación de Trump está en 39,7%. La guerra de Irán es, según el mismo análisis, «una enorme fuente de incertidumbre». Y el partido del presidente casi siempre pierde terreno en los midterms. Esa es la regla histórica. No hay magia que la borre.
Un estratega republicano lo resume sin eufemismos: «Tenemos mucho dinero, la redistritación nos ayudó y los demócratas están locos». Pero admite que «eso no se siente suficiente». El único argumento electoral del GOP es el avance de los Socialistas Demócratas, que permite retratar a los demócratas como «peligrosos». Delgado salvavidas.
Mientras el partido busca piso, la burocracia mediática sigue haciendo su trabajo. NPR, CNN y otros medios continúan negando la evidencia sobre Anthony Fauci, según documenta Matt Taibbi en Racket News. El asunto no es menor.
Ocho días después de que Fauci participara en una conferencia donde nueve de doce científicos de primer nivel dijeron que la «inserción deliberada» de una mutación clave para producir el COVID-19 «era posible», el funcionario salió a decirle al mundo que la idea de un origen en laboratorio era una «teoría conspirativa sin ninguna base científica». Taibbi lo califica de «claramente engañoso». Las fuentes lo respaldan.
El mismo funcionario que repitió hasta el cansancio que el virus evolucionó de forma natural ocultó que conocía los experimentos de un prominente científico chino a pocos kilómetros del lugar donde se reportaron los primeros casos. Eso no es opinión. Está documentado.
Y por si faltaba un ejemplo de cómo el aparato estatal derrocha el dinero de los contribuyentes, un estudio publicado en Small Business Economics analizó las tendencias de contratación de 40.000 firmas de cabildeo en los 50 estados entre 1997 y 2019. Conclusión: los subsidios estatales de desarrollo económico sí crean empleos. Pero esos empleos son en el lobby. Tras el primer subsidio «extraordinariamente grande», el empleo en firmas de cabildeo sube 3,6%. En los condados donde están los capitales estatales, sube 5%. La literatura es concluyente: el resto de la economía no ve beneficio alguno. Los estados gastan decenas de miles de millones de dólares cada año y obtienen, según sus propias métricas, «muy poco a cambio».
Tres historias distintas, un mismo patrón: el Estado gasta, engaña y pierde. Y los medios que deberían contarlo miran para otro lado. Que no te lo cuenten.


