La International Brotherhood of Teamsters le pidió formalmente a la administración Trump que imponga aranceles significativos a la cerveza mexicana. El argumento es directo: marcas como Modelo, Corona, Pacifico y Tecate se elaboran en México y se venden en Estados Unidos, mientras los trabajadores americanos ven cómo sus plantas operan muy por debajo de su potencial.
«Podemos fabricar la cerveza Modelo. Es la misma receta. Hagámosla en Estados Unidos», declaró Sean O'Brien, presidente general de los Teamsters, a Fox News Digital. «Somos muy buenos produciendo bienes y servicios en este país», añadió.
Los números del sindicato son contundentes. La producción cervecera en México aumentó un 85% desde 2014, y aproximadamente el 80% de las exportaciones de cerveza mexicana tienen como destino Estados Unidos. En el mismo período, la utilización de capacidad en las grandes cervecerías estadounidenses cayó del 82% en 2013 al 65% en 2023. El sindicato atribuye esa ventaja competitiva a incentivos de inversión respaldados por el gobierno mexicano, menores costos laborales y políticas orientadas a la exportación.
La petición llega mientras la Oficina del Representante Comercial de EE.UU. evalúa si las políticas de ciertos países han generado ventajas de manufactura injustas. El caso Modelo tiene peso simbólico: Modelo Especial superó a Bud Light en ventas en dólares en junio de 2023 y sigue entre las cervezas más vendidas del país.
Los Teamsters argumentan que los aranceles no solo beneficiarían a los trabajadores de las cervecerías, sino también a los agricultores que cultivan cebada y lúpulo, a los fabricantes de aluminio que producen las latas y a los camioneros que distribuyen el producto. Es decir, una cadena de valor entera que hoy opera por debajo de su capacidad.
Economistas consultados por Fox News advierten, no obstante, que los aranceles podrían encarecer los costos para fabricantes e importadores y derivar en recortes de empleo en el sector.
---
Que no te lo cuenten. La lógica es simple: cuando un gobierno extranjero subsidia su industria y deprime artificialmente sus costos laborales, el libre mercado no está compitiendo en igualdad de condiciones, está siendo distorsionado. Los Teamsters —sindicato que históricamente no ha sido aliado natural de la agenda republicana— están haciendo exactamente el mismo diagnóstico que Trump lleva años poniendo sobre la mesa.
El principio en juego es la reciprocidad. Si México usa el aparato estatal para impulsar su industria cervecera a costa de las plantas americanas, la respuesta arancelaria no es proteccionismo caprichoso: es nivelar la cancha. El contribuyente y el trabajador americano merecen saber que sus empleos no se pierden por eficiencia, sino por la intervención de otro gobierno. Esa diferencia importa.



