Bill Maher no se mordió la lengua. En su podcast «Club Random», el comediante y conductor de talk show arremetió contra las celebridades adineradas que durante la pandemia de COVID-19 repetían el mantra de «estamos todos juntos en esto», mientras sus vidas no tenían absolutamente nada que ver con las de los ciudadanos de a pie.
Maher conversaba con el magnate de los medios Byron Allen sobre su preferencia por vivir en casas en lugar de edificios de apartamentos, cuando Allen apuntó que muchos neoyorquinos huyeron de la ciudad durante la pandemia hacia lugares como Aspen o los Hamptons. Maher tomó eso como punto de partida para disparar sin filtro.
«Cada vez que encendía la televisión era alguna versión de 'estamos todos juntos en esto'», recordó Maher. «No, no lo estamos, malditos impostores». Y remató: «La mitad de nosotros estaba recibiendo comida entregada por la otra mitad. Y tú eres la mitad que está sentada en casa en pijama hablando de lo mucho que estamos juntos en esto».
El sarcasmo no paró ahí. «Sé que estás yendo a los Hamptons. Sé que estás publicando mensajes políticos en Instagram al respecto, y eso es genial», ironizó.
No es la primera vez que Maher, a pesar de ser él mismo una celebridad de izquierda, denuncia la desconexión de sus pares con la realidad de la gente común. Ha advertido en múltiples ocasiones que sus colegas liberales simplemente no pueden conectar con las dificultades cotidianas y que cuando lo intentan resultan completamente fuera de lugar.
Lo que Maher describe no es un accidente ni una torpeza comunicacional. Es la consecuencia lógica de una clase que vive blindada por su riqueza y su burbuja ideológica, pero que necesita el relato de la solidaridad para mantener su imagen pública. La doble vara en estado puro: predican el sacrificio colectivo desde sus mansiones con vista al océano mientras el delivery worker pedalea bajo la lluvia.
Contrafuego lo dice claro: la hipocresía de la élite progresista no es un defecto del sistema, es el sistema. Cuando las mismas personas que exigen regulaciones, restricciones y sacrificios para el ciudadano común se eximen de cumplirlos sin el menor pudor, el relato se cae solo. Que sea Maher —uno de los suyos— quien lo diga en voz alta solo confirma lo que el sentido común ya sabía desde el primer lockdown.



