El Partido Demócrata de Maine no tardó mucho en reflexionar. Menos de dos semanas después de que su candidato al Senado, Graham Platner, abandonara la carrera tras acusaciones de agresión sexual —que él niega—, la maquinaria del partido ya tenía sustituto: Troy Jackson, ex presidente del Senado estatal, sindicalista, populista de izquierda y hombre cercano al senador Bernie Sanders.
Jackson arrasó en las reuniones de delegados del fin de semana. Según la fuente, obtuvo más de dos tercios de los 601 delegados disponibles antes de la convención estatal del sábado en Bangor. El resultado fue tan contundente que sus dos rivales más serios, la secretaria de Estado Shenna Bellows y el ex director del CDC de Maine, el doctor Nirav Shah, suspendieron sus campañas antes de que se celebrara la votación formal.
Shah lo dijo sin rodeos al retirarse: «Entré en esta carrera porque no podía aceptar la idea de que Susan Collins llegara sin oposición a un sexto mandato. Hoy me aparto… porque debemos derrotar a Susan Collins, y el Partido Demócrata debe estar unificado para lograrlo.» Shah respaldó formalmente a Jackson.
El propio Jackson adoptó un tono similar ante sus seguidores: «Tanto si me apoyaste desde el principio, como si aún estás decidiendo, o apoyas a otro candidato, hay un lugar para ti en este movimiento. Porque no vamos a derrotar a Susan Collins haciendo este movimiento más pequeño.»
Lo que no cambia es la plataforma. Jackson, maderero del norte de Maine, comparte con Platner el mismo perfil: populismo de izquierda, Medicare for All y retórica contra el poder corporativo. Sanders lo había respaldado previamente en una campaña al gobierno estatal. El movimiento obrero organizado de Maine y los voluntarios que trabajaron para Platner se sumaron rápidamente a su causa.
Enfrente espera Collins, senadora republicana que busca su sexto mandato, con décadas de victorias electorales y una ventaja financiera considerable. Jackson tendrá apenas tres meses para consolidar un partido aún sacudido por la salida de Platner.
Para los demócratas nacionales, Maine sigue siendo una de sus mejores oportunidades de arrebatar un escaño al GOP y recuperar el control del Senado en noviembre.
Que no te lo cuenten. El Partido Demócrata tuvo la oportunidad de presentar un candidato que ampliara su base en un estado que, pese a votar presidencialmente por la izquierda, tiene un electorado moderado y rural. Eligió lo contrario: profundizar en la misma línea ideológica que ya traía Platner, sin pausa y sin autocrítica. La lección que extrae la cúpula demócrata de un escándalo que los obligó a improvisar en cuatro meses es que el problema era el mensajero, no el mensaje. Collins, con su récord de supervivencia electoral, tiene motivos para dormir tranquila.



