Zohran Mamdani tiene un nuevo enemigo del pueblo: Starz. Y Amazon Prime. Y Netflix.
La oficina del alcalde de Nueva York anunció una norma municipal que obliga a que cancelar una suscripción sea tan fácil como contratarla. Mamdani la presentó en conferencia de prensa como parte de su «agenda de asequibilidad». Sus palabras exactas: las empresas «construyeron su modelo de negocio para que los trabajadores paguen más mientras las corporaciones ganan».
El problema es que Nueva York ya tenía legislación estatal que prohíbe exactamente eso. La ley estatal exige que toda suscripción ofrezca un mecanismo de cancelación «tan fácil como el que usó el consumidor para suscribirse». Mamdani añade una capa municipal encima. Y lo vende como hito histórico.
No es protección al consumidor. Es foto op.
El alcalde posó junto a Lina Khan —exdirectora de la FTC y figura del ala anticapitalista— sosteniendo un recibo gigante de utilería. Decenas de miles de likes en Instagram. Cero dragones reales derrotados.
Sus seguidores aplauden. Son los mismos que gastan ocho dólares en un café artesanal y luego exigen que el gobierno les explique cómo revisar su estado de cuenta. No es sátira: el propio columnista del New York Post lo documenta con ese ejemplo preciso.
Aquí está la hipocresía en su versión más limpia. Mamdani habla de «gente trabajadora». Pero la gente trabajadora de verdad revisa sus gastos. No espera que la burocracia municipal le sostenga la mano para hacer clic en «confirmar cancelación».
Esta es la casta progresista de Nueva York: universitaria, conectada, incapaz de asumir responsabilidad fiscal básica. Y con un alcalde dispuesto a legislar para cada una de sus incomodidades.
Contrafuego lo dice claro: monitorear tus propias suscripciones no es función del Estado. Nunca lo fue. Cuando el gobierno entra a resolver lo que cada adulto puede resolver en dos minutos, no protege al ciudadano. Lo infantiliza. Y de paso le cobra el aparato regulatorio que lo «cuida».
Mamdani fue elegido con vibras y una cuenta de Instagram vibrante. Su estrategia es simple: encontrar el agravio más pequeño, envolverlo en lenguaje de clase y cosechar el aplauso digital. Hoy es Starz. Mañana será otro dragón de bolsillo. El contribuyente neoyorquino paga la burocracia que lo ejecuta. Que no te lo cuenten.



