Zohran Mamdani ofreció su propia definición de socialismo: que el gobierno tenga que hacer todo.
En sus palabras, socialismo significa que usted tendrá «lo que necesite para vivir una vida digna» y que «es trabajo del gobierno entregarlo». El New York Post respondió que esa es la propuesta de Mamdani para que el gobierno tome el mando de todo.
La idea no es menor. Si la dignidad depende de que el aparato estatal entregue lo necesario, entonces la libertad individual queda en segundo plano y la burocracia pasa al centro de la vida pública. El problema no es solo filosófico: es práctico. Cuando el gobierno se convierte en proveedor universal, también se convierte en árbitro universal.
Gavin Newsom, por su parte, escribió: «Seamos claros: El Presidente está abogando por un ataque contra más de 10 millones de residentes de Estados Unidos en dos de las ciudades más grandes de Estados Unidos». El Post replicó: «Seamos claros: El presidente Trump no abogó por nada de eso».
Más abajo, el medio añadió que la izquierda está presentando el comentario de Trump sobre que precios más altos de la gasolina serían un pequeño precio a pagar para poner fin a la amenaza nuclear iraní como señal de que está desquiciado, sacando sus palabras de contexto y retorciéndolas.
También apareció Kamala Harris, que dijo: «Cuando se siente poder, se es poder. Y cuando se siente poder, se es poder. Y somos poderosos». El Post ironizó con que no basta con desearlo para llegar a la Casa Blanca.
Y Kathy Hochul afirmó: «Nuestras leyes no permiten que los delincuentes tengan santuario». El Post respondió que la ley de Nueva York, en realidad, proporciona santuario a miles de delincuentes inmigrantes ilegales, incluidos asesinos y depredadores sexuales, al liberarlos de custodia pese a solicitudes federales de remoción.
La lectura de fondo es clara: el socialismo de salón siempre promete dignidad; la realidad siempre entrega dependencia. Y cada vez que la política progresista empuja más poder hacia el aparato estatal, el contribuyente paga la factura y la libertad pierde terreno.
Otra vez la doble vara. Cuando el poder habla de compasión, muchas veces está hablando de control. Que no te lo cuenten.


