El encargado de Negocios de Estados Unidos en Venezuela, John Barrett, confirmó que las operaciones de ayuda humanitaria continúan. Las comunidades afectadas por los terremotos del 24 de junio siguen recibiendo asistencia. El apoyo llega por aire, tierra y mar.
La jornada más reciente incluyó suministros de la organización Global Empowerment Mission (GEM). Barrett lo explicó en la cuenta de X de la Embajada en Caracas. Según sus palabras, la respuesta humanitaria es liderada por el Departamento de Estado con apoyo del Departamento de Guerra. «Seguimos con Venezuela», cerró su mensaje.
GEM detalló el operativo en sus propias redes. Fue un esfuerzo conjunto entre personal civil y militar. Participaron el Comando Sur de Estados Unidos y el Cuerpo de Marines. Los insumos se descargaron directamente desde un aerodeslizador militar tipo LCAC de la Armada estadounidense. Una máquina diseñada para la guerra. Usada, esta vez, para llevar alivio.
La distribución terrestre estuvo encabezada por GEM. Llegó a 2.112 personas en las zonas sacudidas por la emergencia sísmica.
Que no te lo cuenten. Mientras el aparato de Maduro lleva años perfeccionando el arte de bloquear ayuda internacional y cobrar peaje político al sufrimiento ajeno, fue la maquinaria militar estadounidense la que pisó el barro y descargó los insumos. No hubo discurso. Hubo un LCAC en la orilla y cajas en manos de quienes las necesitaban.
Eso incomoda al relato oficial. La narrativa del imperialismo yanqui choca con la imagen de un Marine distribuyendo víveres donde el Estado venezolano brilla por su ausencia. El principio es viejo y sigue siendo verdad: quien produce capacidad real —logística, recursos, voluntad— es quien puede actuar. El régimen tiene eslóganes. EEUU llegó con un aerodeslizador.



