Un empleado de Costco de 22 años enfrenta cargos de asesinato en segundo grado tras arrollar intencionalmente con su sedán a un compañero de trabajo al que consideraba su rival amoroso. Los hechos ocurrieron el 31 de julio en el estacionamiento de la sede de Costco en North Issaquah, Washington.
Tyler Martin Sorensen, de Renton, Washington, llevaba tiempo obsesionado con su compañera Samantha Peterson, a quien según los fiscales describía como su «exnovia». Peterson, sin embargo, declaró a los investigadores que ambos nunca tuvieron una relación, y que en repetidas ocasiones le había advertido que estaba «cruzando límites» y que necesitaba espacio.
El detonante fue un abrazo. Al ver a Peterson y a otro compañero, Jonathon Langdon, de 20 años, abrazarse en el estacionamiento, Sorensen aceleró y cruzó el lugar a alta velocidad, por poco atropellando a la pareja. Luego envió mensajes a amigos con una foto de los dos: «Siempre me dijo que era solo un amigo. Me hierve la sangre», escribió según los documentos judiciales.
Esperó diez minutos. Cuando Langdon salió en su motocicleta, Sorensen lo siguió a alta velocidad y, según los fiscales, viró deliberadamente contra la moto, lanzando a Langdon contra una señal vial. Langdon murió poco después en el lugar.
Sorensen no llamó al 911 ni se detuvo a auxiliar a la víctima. Según los investigadores, solo frenó para revisar si su vehículo seguía en condiciones de circular. Fue detenido por un agente de la Patrulla de Washington por exceso de velocidad, sin que el oficial supiera aún del atropello. Sorensen volvió a la escena del crimen solo después de que su padre se enteró del incidente y lo llevó a entregarse a la policía.
Tras su arresto, Sorensen supuestamente admitió ante los agentes: «Fue una estupidez, pero sí, lo hice a propósito». La fiscal Senior del Condado de King, Elaine S. Lee, solicitó una fianza de 2 millones de dólares y declaró ante el tribunal que «el acusado se negó a aceptar los límites que Samantha Peterson le había impuesto… creía que si no podía tenerla, nadie podría».
Sorensen enfrenta tres cargos graves: asesinato en segundo grado, agresión en segundo grado con arma mortal —por usar el vehículo como arma— y tentativa criminal.
El relato se cayó solo antes de empezar: Peterson nunca fue su novia, nunca le dio pie, y aun así un hombre de 20 años está muerto. Lo que este caso ilustra con brutalidad es el costo real de la incapacidad de aceptar un «no». No hay narrativa que lo suavice, no hay contexto que lo mitigue. Un joven perdió la vida por un abrazo. Que no te lo cuenten de otra manera.



