La construcción de la Línea 1 del Metro de Bogotá alcanzó el 80,37% de avance con corte al 30 de junio de 2026. Ya hay más de 16 kilómetros de viaducto levantados. El total será de 23,9 kilómetros, desde el Patio Taller en Bosa hasta la calle 72 sobre la avenida Caracas.
El alcalde Carlos Fernando Galán salió a recorrer las obras. Lo que vio no fue solo una buena noticia. Fue también un diagnóstico incómodo.
«La construcción del metro ya llegó a un 80% de avances. Es una gran noticia, pero también implica un reto grande», afirmó el mandatario. El reto, según él, no es ya construir rápido. Es construir coordinado. «Si alguno de esos elementos se atrasa, puede afectar los otros», advirtió.
El detonante fue concreto. En la intersección de la NQS con calle Octava sur, el consorcio tuvo que improvisar una solución técnica para instalar un vano que las vigas lanzadoras no podían colocar. Lo resolvieron. Pero Galán no dejó pasar la señal. «Es una gran noticia que hayan encontrado una solución, pero también es una demostración de problemas que hay en la planeación del proyecto», señaló.
El alcalde fue directo sobre responsabilidades. La ejecución le corresponde al concesionario Metro Línea 1. No a la Alcaldía, no a la interventoría. A ellos. «Metro Línea 1 tiene que avanzar en mejorar su ejecución, tiene que avanzar en mejorar sus capacidades, por ejemplo, en términos de personal calificado, no calificado y, particularmente, la coordinación», indicó Galán.
La Administración Distrital mantiene como objetivo iniciar la marcha blanca en septiembre de 2027, cuando arrancarán las pruebas integrales sin pasajeros.
En junio también hubo otros movimientos. La ciudadanía eligió los nombres de tres estaciones: Ciudad Kennedy, Timiza y Santa Isabel. Quedó habilitada completamente la estación Calle 26-Atrio. Y la Alcaldía lanzó la estrategia Ondas Metropolitanas para fortalecer el espacio público alrededor de la futura línea.
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Bogotá lleva más de 80 años esperando su metro. Eso lo dijo el propio Galán. Una obra de esa escala no admite improvisación en la recta final. Los problemas de coordinación que el alcalde reconoció en voz alta no son un detalle menor: son exactamente el tipo de falla que convierte un proyecto casi terminado en un proyecto eternamente retrasado.
Que Contrafuego lo diga sin rodeos: el contribuyente bogotano —y el colombiano, porque fondos públicos nacionales están en la mezcla— merece un concesionario a la altura. El relato del metro como conquista histórica solo se sostiene si los trenes finalmente corren. Que no te lo cuenten después con otra prórroga.



