Microsoft anunció el despido de 4.800 empleados en total, de los cuales 1.600 pertenecen a su división Xbox, la unidad detrás de la consola de videojuegos dominante en el mercado. La noticia llegó al mismo tiempo que se conoció que la compañía recibió aprobación este año para contratar a 2.273 trabajadores extranjeros bajo el programa de visas H-1B, según datos del Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS).
Microsoft es el sexto mayor beneficiario del programa H-1B, un esquema dominado abrumadoramente por trabajadores provenientes de India. La empresa tiene además solicitudes adicionales pendientes de aprobación.
La reacción en redes sociales fue inmediata y furiosa. «Una buena forma de arreglar esto es meter en prisión a quien lo haga», escribió un usuario en X. «¿Despedir americanos para reemplazarlos con miles de trabajadores de visa? Directo a la cárcel, y que les confisquen los activos». Otro usuario señaló: «Es culpa de nuestro Gobierno por aprobar las H-1B. Nuestro Gobierno nos ha vendido los empleos en casa y los que se mueven a otros países». Un tercero describió el programa como «robo de empleos a escala industrial».
Ante las preguntas de Fox News Digital, un portavoz de Microsoft respondió: «Estas decisiones se basan en necesidades del negocio, no en el estatus de visa. Los empleados con H-1B también fueron afectados por las eliminaciones de puestos en Estados Unidos».
En paralelo, un juez federal en Boston bloqueó la tarifa de 100.000 dólares por visa H-1B impuesta por la administración Trump, calificándola de impuesto no autorizado sin aprobación del Congreso. La política había incrementado la tarifa desde el rango de 2.000 a 5.000 dólares. La Casa Blanca planea apelar la decisión.
El relato se cayó solo. Microsoft no necesita declarar en voz alta que sustituye talento americano por mano de obra importada más barata: los números lo dicen solos. Casi 2.300 visas aprobadas en el mismo año en que 1.600 trabajadores de Xbox pierden su empleo no es coincidencia estadística; es el modelo de negocio que el programa H-1B lleva décadas facilitando a las grandes corporaciones.
Que no te lo cuenten. El libre mercado funciona cuando las reglas son iguales para todos. Un programa que permite a empresas con beneficios récord externalizar la competencia laboral hacia trabajadores importados —mientras los contribuyentes americanos financian la burocracia que lo administra— no es libre mercado: es corporativismo con sello gubernamental. El fallo judicial en Boston que bloquea la reforma de tarifas impulsada por Trump no hace sino prolongar ese desequilibrio. La pregunta que nadie en el establishment tecnológico quiere responder es sencilla: ¿para quién trabaja el aparato estatal?



