Que no te lo cuenten.
Tres militares de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos cruzando una calle de El Rosal, en Caracas. Eso es lo que muestra el video que circuló este sábado 11 de julio y que sacudió a la capital venezolana como pocas imágenes en años recientes. No es ficción, no es montaje: es el resultado directo del operativo humanitario desplegado por Washington tras los devastadores terremotos del 24 de junio.
La escena ocurre en uno de los corredores financieros más reconocidos de Caracas, una zona que durante lustros fue sinónimo del aislamiento al que el chavismo sometió al país. Hoy, en cambio, sirve de escenario para una presencia militar estadounidense que habría sido impensable hace apenas unos meses.
El alcance del despliegue es considerable. Según confirmó el Comando Sur, Washington mantiene activos en Venezuela los buques USS Fort Lauderdale, USS San Antonio y el destructor de misiles guiados USS Gridley, además de aeronaves de transporte, helicópteros, vehículos tácticos y personal especializado. Los efectivos han participado en distribución de ayuda, evacuaciones médicas, rescate, logística y transporte de suministros, con foco principal en La Guaira, la región más golpeada por la emergencia sísmica.
La imagen es inédita por razones que van más allá de lo visual. Venezuela lleva años construyendo un relato de confrontación con Washington: sanciones, reconocimientos de gobiernos alternativos, retórica antiimperialista como combustible político cotidiano. Ver uniformes del Ejército de EE.UU. en El Rosal no encaja en ese guion, y eso explica la sorpresa que generó el video en redes sociales y medios locales.
Lo que el video revela es que, cuando la tragedia supera la capacidad del Estado, la cooperación internacional —y en particular la capacidad logística y militar de Estados Unidos— se vuelve indispensable. No hay burocracia que distribuya ayuda con la velocidad de un helicóptero naval. No hay discurso que rescate a una familia atrapada bajo los escombros.
Para Contrafuego, el dato central es este: la potencia que el régimen de Caracas lleva décadas demonizando como enemigo número uno es hoy la que opera buques, aeronaves y personal de élite en su propio territorio para salvar vidas venezolanas. El relato se cayó solo, y lo hizo frente a una cámara en plena calle de El Rosal. Que cada quien saque sus conclusiones.



