Sydna Konstin murió a los 41 años. Vivía en Atenas. La noticia se confirmó el jueves en un obituario familiar.
Era copropietaria de John's Grill, el histórico restaurante de Union Square en San Francisco. El local cumple 118 años. Es célebre por sus bistecs, sus cócteles y sus multitudinarias fiestas del día de las elecciones. Miles de políticos, periodistas y vecinos acuden cada año por el vino y el bufet gratis.
Konstin era hija de John Konstin, actual copropietario. Su abuelo, el inmigrante griego Gus Konstin, compró el restaurante en los años sesenta. Lo convirtió en un punto de encuentro para figuras del poder, estrellas de cine y escritores.
El local tiene una marca literaria propia. Aparece en la novela «El halcón maltés», de Dashiell Hammett. El autor era cliente habitual del sitio.
Sydna representaba la tercera generación de la dinastía Konstin al frente del negocio. A veces trabajaba detrás de la barra. Quienes la conocían la describen como una anfitriona alegre y cercana. Atraía multitudes al restaurante con su sola presencia.
«Nos unía y hacía que todos se sintieran mejor solo con estar ahí», dijo su hermano, John Jr., en el obituario.
Un vocero de la familia la llamó «las burbujas del champán». Destacó el orgullo familiar por su parte en la herencia del negocio.
En julio, su padre había escrito en Facebook: «Desde el día en que la sostuve por primera vez, llenó nuestras vidas de amor, risa, compasión y una luz que nunca podrá medirse». Añadió que tenía «una sonrisa que podía calmar tus preocupaciones» y «una forma de hacer que cada persona que conocía se sintiera importante».
Sydna trabajaba en bienes raíces al momento de su muerte, según su familia. Falleció el 26 de junio.
John's Grill sobrevivió más de un siglo gracias a algo que hoy escasea: una familia que construyó un negocio propio, lo defendió con trabajo y lo heredó de generación en generación. Ningún subsidio ni programa estatal hizo ese milagro. Lo hizo un inmigrante griego con un local de madera y una idea clara de propiedad privada.
La muerte de Sydna cierra un capítulo, pero no el negocio. La dinastía Konstin sigue en pie, como el restaurante que Hammett convirtió en leyenda. Ese es el verdadero legado: algo que se construye con esfuerzo dura más que cualquier relato de coyuntura.

