Un argumento en el estacionamiento de un Trader Joe's en Lafayette, California, terminó en caos. Monica Thomas, de 74 años y residente de Oakland, sacó un spray de oso por la ventanilla de su auto y roció a otra persona. Luego, mientras se alejaba, volvió a disparar el spray una segunda vez.
Ocho personas quedaron expuestas al gas. Todas fueron atendidas por el Distrito de Protección contra Incendios del Condado de Contra Costa. Una de ellas tuvo que ser trasladada al hospital.
El incidente ocurrió el sábado por la mañana, alrededor de las 10:40 a.m., en el bloque 3600 del Boulevard Monte Diablo. Thomas huyó de la escena. Testigos presenciales dieron a los oficiales la información del vehículo y la dirección que tomó.
Agentes de la policía de Orinda localizaron el vehículo en la autopista 24 en dirección oeste. Thomas fue detenida ahí mismo. Más tarde fue trasladada e ingresada en el Centro de Detención de Martinez, según un comunicado del Departamento de Policía de Lafayette.
Los cargos en su contra: asalto con arma mortal y uso ilegal de gas lacrimógeno.
Que no te lo cuenten. Una mujer mayor, en un estacionamiento suburbano, con un spray diseñado para detener osos. Ocho afectados. Un hospitalizado. El relato de la California progresista como paraíso de convivencia se cayó solo, una vez más, en un martes cualquiera. No en una zona de guerra. En el estacionamiento de un supermercado de clase media.
El libre mercado no tiene la culpa de que una persona decida resolver un conflicto con gas. Pero sí dice algo sobre el estado de las cosas cuando la respuesta a una discusión en un parking es un arma química. El orden social no se mantiene solo. Alguien tiene que querer mantenerlo.



