Un bulldog inglés de un año llamado Bruce murió ahogado el jueves pasado en Camp Canine, una instalación de guardería y hospedaje canino en Santa Barbara, California, que se comercializa como el «Disneyland para perros».
Sus dueños, Chris y Ashley Merz, de Ventura, llegaron a recogerlo alrededor de las 3:30 p.m. y fue entonces —no antes— cuando el negocio les informó de la muerte del animal. Según Alison Genet, madre de Ashley, Bruce habría fallecido en algún momento entre la 1 p.m. y las 2 p.m. La familia no recibió ninguna llamada ni aviso previo.
La Policía de Santa Barbara confirmó a Fox News Digital que sus agentes respondieron al local en el bloque 800 de East Montecito Street aproximadamente a las 4:45 p.m. del mismo jueves, tras reportarse el ahogamiento. La Unidad de Investigación Criminal y el Equipo de Control Animal llevan el caso de forma activa.
«El Departamento de Policía de Santa Barbara está comprometido con una investigación exhaustiva sobre este asunto», señaló la institución en un comunicado.
Genet explicó al medio local Noozhawk que los bulldogs ingleses no son nadadores naturales y que Bruce solía ser colocado con perros pequeños o medianos. Sin embargo, el animal terminó en el patio de perros grandes, que contiene dos piscinas sin valla. Según Genet, los propietarios de Camp Canine reconocieron que Bruce no debía estar en ese patio, pero no pudieron explicar cómo llegó allí.
El propio negocio emitió una declaración pública admitiendo que «falló en su responsabilidad de mantener a su perro seguro». Bruce llevaba aproximadamente seis meses asistiendo y entrenando en Camp Canine.
La hermana de Ashley, Savannah, abrió una campaña en GoFundMe para cubrir los gastos de cremación, el memorial y los costos legales de la familia.
Que no te lo cuenten. Una empresa cobra por cuidar lo que la familia no puede vigilar en ese momento: eso es un contrato de confianza, no solo de servicio. Cuando el negocio reconoce que el animal no debía estar en ese espacio y no logra explicar cómo llegó allí, la pregunta no es solo legal, es de supervisión básica. El aparato regulatorio que exige licencias, inspecciones y certificaciones a estas instalaciones existe precisamente para esto. La investigación criminal dirá si hubo negligencia punible; lo que ya está documentado es que la familia llegó a recoger a su perro sin saber que llevaba más de una hora muerto. Eso, en cualquier estándar de responsabilidad empresarial, es inaceptable.



