Benjamin Netanyahu defendió con dureza las campañas militares de Israel en Irán, Gaza y otras zonas de Medio Oriente durante su discurso ante la Asamblea General de la ONU.
Decenas de delegados abandonaron la sala en protesta cuando subió al estrado. Netanyahu respondió con una frase de desafío: «Vamos a ganar. No tenemos otra opción».
También atacó a quienes lo critican. «Si todavía queda algún cobarde moral que no haya salido del salón, por favor, hágalo ahora», dijo. Además, rechazó las acusaciones de que Israel esté cometiendo genocidio en Gaza.
Horas antes, Mahmoud Abbas había dicho en un mensaje grabado que las políticas israelíes —en particular la expansión ilegal de asentamientos judíos en Cisjordania ocupada— amenazan «la vida misma y la existencia del pueblo palestino en su patria». Abbas afirmó que los palestinos están sometidos a «matanza, destrucción, hambre e intentos de desplazamiento, así como una guerra genocida» en Gaza por parte del ejército israelí. No pudo hablar en persona porque se le negó la visa de entrada a Estados Unidos.
Netanyahu, además, lanzó ataques contra líderes y países que lo han criticado. Llamó «tirano» al presidente turco Recep Tayyip Erdogan y acusó a Turquía de apoyar a Hamas. La presidencia turca respondió que usar la tribuna de la ONU para lanzar «acusaciones infundadas» era incompatible con los ideales de paz, ley y diálogo.
En Nueva York, el alcalde Zohran Mamdani también recibió un dardo del primer ministro israelí. La oficina de Mamdani respondió que Netanyahu «usó su discurso para repetir mentiras infundadas diseñadas para lavar su genocidio de palestinos».
Fuera del edificio, hubo protestas y detenciones. Entre los detenidos estuvieron Susan Sarandon y Hannah Einbinder. La policía de Nueva York dijo que respondió a una «manifestación no programada» en la que los manifestantes bloqueaban una intersección.
El trasfondo es claro: Netanyahu habló para dos públicos a la vez, los israelíes que votarán en una elección crítica el próximo mes y los estadounidenses que miran con más escepticismo a Israel. Su imagen de «Mr Security» está bajo presión, y su ofensiva verbal en la ONU busca reforzarla.
Pero el costo político de esa estrategia ya se ve afuera del hemiciclo. Con protestas, salidas en bloque y cada vez más ruido internacional, la doble vara de la burocracia global queda en evidencia: condenas para unos, tolerancia para otros. El relato se cayó solo.
Para el lector de libre mercado, el punto de fondo es la estabilidad. Cuando un liderazgo se sostiene más en la confrontación permanente que en resultados verificables, el precio lo pagan la seguridad, la legitimidad institucional y, al final, la gente común. Que no te lo cuenten.



