El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu comunicó a su gabinete el domingo que Israel rechaza el plan de 15 puntos propuesto por el presidente Donald Trump para Gaza. Lo dijo sin rodeos: «Israel no acepta el documento de 15 puntos». El ejército, añadió, no ejecutará ninguna retirada hasta que Hamas sea desarmado. «Armamento pesado, armamento ligero, todo el armamento», precisó según Reuters.
No es la primera vez que lo dice. El martes anterior había publicado la misma posición en redes sociales. Los funcionarios israelíes ya habían trasladado sus reservas a Washington. Netanyahu reconoció que las conversaciones continúan. «Tienen ideas, algunas aceptables para nosotros y otras no», dijo sobre los estadounidenses.
Trump anunció el acuerdo a finales del mes pasado. Lo presentó como un arreglo histórico para el desarme completo de Hamas y de todos los grupos armados en Gaza. El marco fue negociado con mediadores árabes en El Cairo y supervisado por el llamado Consejo de Paz de Trump. El plan contempla un proceso por fases: Hamas entregaría armas pesadas y ligeras en varios meses, revelaría la ubicación de túneles y depósitos, y cedería el control a una administración tecnocrática palestina bajo supervisión del Consejo.
Las fuerzas israelíes se retirarían solo después de verificar de forma independiente la desmilitarización de cada sector. Una fuerza internacional de estabilización trabajaría luego con una nueva unidad policial palestina.
El desacuerdo es de fondo. Israel exige el desarme total primero. El plan describe un proceso gradual: armas retiradas zona por zona, tropas israelíes saliendo de las áreas ya verificadas. Nikolay Mladenov, máximo representante del Consejo de Paz para Gaza, se reunió con Netanyahu el lunes. Le presionó para detener los ataques aéreos y respetar los términos del alto el fuego anterior. Desde ese lunes, Israel ha reducido sus operaciones. El ejército israelí no registró ataques en Gaza durante seis días consecutivos hasta el domingo.
Hamas dice que sigue comprometido con lo acordado en El Cairo hace unos diez días. El alto cargo Basem Naim declaró a Reuters que el grupo espera que los mediadores y Estados Unidos presionen a Netanyahu para que no obstaculice el plan «por razones políticas o electorales internas».
Hamas evita la palabra «desarme». Describe el proceso como una entrega de armas para su almacenamiento bajo una administración tecnocrática respaldada por Washington. Además, condiciona cualquier avance a que Israel cumpla primero sus propios compromisos: retirada y cese de ataques.
El ministro de Finanzas Bezalel Smotrich respaldó a Netanyahu. «Fuimos a la guerra con un objetivo central: la destrucción de Hamas», afirmó. «El ejército no puede retirarse ni un milímetro de la Franja de Gaza».
Netanyahu enfrenta presión en varios frentes. Hay elecciones programadas para el 27 de octubre. Las encuestas lo muestran con dificultades para armar una mayoría gobernante. Sus socios de coalición rechazan cualquier concesión. Al mismo tiempo, la administración Trump empuja con fuerza el plan como un objetivo central de política exterior de su segundo mandato.
Lo que está en juego es claro. Trump construyó un marco que exige resultados concretos. Netanyahu enfrenta una aritmética política que le impide ceder. Entre ambos, más de dos millones de personas confinadas en una franja costera. El relato de la «paz histórica» choca, por ahora, con la realidad del terreno.



