C.S. Lewis creó «Las crónicas de Narnia» como una metáfora para niños, y Netflix la está rehaciendo con Greta Gerwig al mando. Según la fuente, Gerwig publicó una imagen de Aslan, el personaje que representa a Jesús, y luego se supo que quería canalizar a David Bowie.
Además, la producción eligió a Meryl Streep para ponerle voz a Aslan. Gerwig dijo que quería a alguien «profundo pero no pretencioso», con «gravedad» y capaz de comunicar «profundidad y patetismo» junto con «alegría y deleite».
La crítica de la fuente no va contra una adaptación cualquiera para adultos, sino contra el hecho de tocar una obra diseñada para introducir a los niños occidentales en ideas cristianas. El autor recuerda que Lewis quiso «llegar de lado» a los lectores, quitando las asociaciones de vitral y escuela dominical para que la historia recuperara su potencia.
Esa intención, sostiene la pieza, queda invertida cuando Hollywood toma un relato querido y lo convierte en un vehículo para valores de izquierda. La nota cita además declaraciones previas de Gerwig sobre su interés por el catolicismo, la Virgen María y «una energía más pagana», así como su interés en «lo que hacen las mujeres en espacios que son principalmente masculinos».
La tesis es clara: no se trata de una simple licencia creativa, sino de una intervención cultural con objetivo ideológico. La fuente acusa a la industria de querer subvertir las ideas básicas de Narnia y de hacerlo, precisamente, sobre una historia para niños.
Y ahí está la doble vara. Cuando la burocracia cultural toca símbolos cristianos para reinterpretarlos desde el progresismo, lo llama arte. Cuando el público objeta, lo llaman intolerancia. Pero lo que está en juego es otra cosa: quién controla los relatos que forman a los niños.
Si una plataforma gigante puede tomar una obra creada para transmitir principios cristianos y voltearla para el marketing del momento, el daño no es solo a Lewis. Es a la idea misma de herencia cultural, de límites y de respeto por lo que una civilización enseña a sus hijos. Que no te lo cuenten.


