Netflix tiene una descripción para «Lo que el viento se llevó» que dice así: «A 1939 American Civil War epic known for its racism. To learn more about Black lives in America, search 'Black Lives Matter.'» Eso es todo. Diez premios Óscar —incluyendo Mejor Película y Mejor Director— reducidos a una advertencia de sensibilidad con enlace de activismo incorporado.
La descripción se viralizó en redes sociales y generó una avalancha de críticas. Elon Musk reaccionó con una sola frase: «Needs to change.» El título, por cierto, no está disponible para streaming en Estados Unidos en este momento.
No es la primera vez que la película pasa por el rodillo de la censura progresista. En 2020, HBO Max la retiró de su catálogo en plena ola de protestas por la muerte de George Floyd. El efecto fue el contrario al esperado: las ventas del filme se dispararon. La plataforma terminó restaurándola con una introducción de la presentadora de Turner Classic Movies, Jacqueline Stewart, quien argumentó que la película debía circular para que el público «aprendiera sobre los males del pasado».
En 2023, la editorial Pan Macmillan añadió una advertencia introductoria a la novela original de Margaret Mitchell —publicada en 1936— sin alterar el texto. La editorial reconoció que cambiar el contenido «socavaría la autenticidad del original» y aclaró que la advertencia «no constituye un respaldo» al lenguaje o los personajes.
Hattie McDaniel, quien interpretó a Mammy en el filme, fue la primera persona negra en ganar un Premio de la Academia. Ese dato brilla por su ausencia en la descripción de Netflix.
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Aquí está el patrón que Contrafuego lleva tiempo documentando: la burocracia cultural no prohíbe, etiqueta. No quema libros, los envuelve en disclaimers hasta que el lector o el espectador sienta que consumir el original es un acto moralmente sospechoso. Netflix no censuró el filme; hizo algo más eficaz: lo convirtió en material de denuncia antes de que el usuario reproduzca el primer fotograma.
El resultado es predecible. Una obra que sobrevivió ocho décadas, que lanzó la carrera de la primera ganadora negra del Óscar y que el propio público sabe leer en su contexto histórico, queda reducida a un letrero de advertencia con propaganda de movimiento social al pie. La doble vara es perfecta: la misma plataforma que produce contenido sin filtros en decenas de géneros decide que este clásico necesita un cartel de peligro. Que no te lo cuenten.

