Gavin Newsom firmó el domingo una ley que reconoce formalmente dos festividades musulmanas como feriados estatales en California. La medida convierte al estado en el segundo del país, después de Washington, en reconocer ambas fechas a nivel estatal.
La Asamblea Bill 2017 añadió Eid al-Fitr y Eid al-Adha a la lista de feriados estatales. Eso permitiría que escuelas públicas y universidades cierren y que empleados estatales puedan observar las festividades.
Pero la ley no obliga a cerrar escuelas ni negocios. Los tribunales, además, deberán permanecer abiertos.
Newsom tenía también sobre su escritorio otros proyectos vinculados con observancias religiosas. Entre ellos, AB 395, que codificaría feriados judíos como Rosh Hashanah y Yom Kippur y exigiría a agencias estatales y centros como las escuelas hacer «every reasonable effort» para evitar programar funciones importantes en esas fechas. Otro proyecto, AB 1763, garantizaría ausencias justificadas para alumnos de kínder a 12.º grado por motivos religiosos.
Según la nota, esos proyectos fueron presentados al gobernador antes que AB 2017, pero Newsom no los firmó hasta el miércoles, antes del plazo de medianoche. Republicanos criticaron que pareciera dar prioridad a la ley sobre las festividades musulmanas antes que a las medidas para un trato igualitario de otras observancias religiosas.
La discusión importa porque ya no se trata solo de símbolos. Se trata de qué reglas impone el aparato estatal y a quién le concede acomodaciones primero. Cuando el gobierno elige el orden de sus gestos, también envía una señal política. Y esa señal, para muchos contribuyentes y familias, huele a doble vara.
Que no te lo cuenten. El problema de fondo no es si una comunidad merece respeto. Lo merece. El problema es cuando la burocracia reparte reconocimiento con calendario selectivo y luego pide que todos finjan que eso es neutralidad. El relato se cae solo cuando el criterio cambia según la presión política del momento.



