El gobernador Gavin Newsom anunció este viernes que California elevará su salario mínimo estatal a $17.40 por hora a partir del 1 de enero de 2027. La cifra representa casi dos veces y media el salario mínimo federal de $7.25 la hora y supera cualquier otro mínimo estatal vigente en el país.
El ajuste es automático bajo la ley californiana, que indexa el salario mínimo a la inflación cada año. No es una decisión política discrecional: es el aparato regulatorio funcionando en piloto automático, con o sin debate legislativo.
Newsom aprovechó el anuncio para contrastar su gestión con la del presidente Trump. «California ha elegido un camino diferente — uno que recompensa el trabajo, hace crecer la economía y pone primero a las familias trabajadoras», dijo el gobernador en un comunicado. La declaración llega en el contexto de sus expectativas de candidatura presidencial para 2028.
Pero el relato tiene un antecedente incómodo. Newsom y los demócratas estatales impulsaron previamente un salario mínimo de $20 por hora para trabajadores de comida rápida, medida que, según reportes citados por la fuente, devastó a algunas empresas del sector. Rebekah Paxton, directora de investigación del Employment Policies Institute, fue directa: «El historial de alzas salariales del gobernador Newsom —incluyendo el salario de $20 para comida rápida— dejó a los trabajadores en último lugar, con decenas de miles de empleos perdidos, negocios cerrados y precios más altos para los californianos».
En paralelo, muchos trabajadores del sector salud de California ya recibieron otro aumento programado el 1 de julio, con salarios mínimos que van de $19.28 a $25 por hora según el tipo de instalación.
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Que no te lo cuenten. Newsom está construyendo su plataforma presidencial sobre el costo que pagarán los pequeños empresarios y los consumidores californianos. Cada dólar de mandato salarial impuesto por decreto regulatorio es un dólar que el mercado no pudo asignar libremente — y la historia reciente del estado lo ilustra con negocios que bajaron la persiana y menús que subieron de precio.
La libre empresa no se opone a que los trabajadores ganen más: se opone a que el Estado fije por ley lo que solo la productividad y la competencia pueden sostener. Cuando el mandato supera la realidad económica, los primeros en perder el empleo son exactamente los trabajadores que el gobernador dice defender. El relato se cayó solo — y tiene dirección, fecha y monto en el registro de consecuencias.



