El relato se cayó solo. Rafael Nieto, senador electo del Centro Democrático, concedió una entrevista a El Colombiano y fue directo: el gobierno de Abelardo De la Espriella llega con tres promesas incumplibles.
La primera: no podrán retirar a Colombia de Naciones Unidas ni de la OEA. La segunda: no podrán acabar con la JEP. Nieto lo explica sin rodeos — la Jurisdicción Especial para la Paz tiene respaldo constitucional. No alcanza con querer. La tercera: le tocará gobernar con «los de siempre». Eso, según el senador, ya se ve en los nombramientos.
«Esa calificación es falsa en su contenido de fondo», dijo Nieto sobre el eslogan de campaña. «La campaña de Abelardo estaba llena de personas que podrían catalogarse como los de siempre». El relato servía para campaña. Era un cuento de campaña.
Nieto también prendió una alerta sobre la aritmética legislativa. De la Espriella parte con seis congresistas: cuatro senadores de Salvación Nacional, un representante de ese partido y los de Creemos. Para tener mayoría necesita 53 votos en el Senado. Del otro lado hay cerca de 38 senadores entre el Pacto Histórico, la Alianza Verde y la circunscripción indígena. La tarea no es menor.
Cambio Radical ya manifestó disposición de ser partido de gobierno. Pero habrá que sumar liberales, conservadores, La U y Mira. Sin esa coalición, el nuevo gobierno no legisla.
Sobre los retos reales, Nieto identificó tres. Primero: dar confianza a calificadoras internacionales e inversionistas. Hay que recuperar la senda del crecimiento con austeridad y reglas claras. Segundo: comprometerse a fondo con la lucha anticorrupción. «En el gobierno de Petro se robaron hasta los inodoros», dijo el senador. Tercero: recuperar la seguridad. Los grupos violentos salieron fortalecidos del gobierno anterior.
Nieto también criticó la actitud confrontacional que persiste desde la campaña, en ambos lados. Lo urgente, dijo, es que el gobierno saliente entregue información completa, confiable y veraz sobre la situación del país.
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Que no te lo cuenten. De la Espriella llega con el viento a favor de la opinión pública, pero con la caja fiscal en ruinas, la deuda externa desbordada y una mayoría legislativa que todavía no existe. El populismo de campaña tiene fecha de vencimiento. Siempre la tiene. Lo que Colombia necesita ahora no es otro relato: necesita austeridad real, inversión privada y orden. Si De la Espriella lo entiende antes de que la burocracia lo capture, hay país que reconstruir. Si no, ya sabemos cómo termina la historia.



